lunes, 8 de octubre de 2012

A Urnieta hemos de ir...

... con una charla, con una charla. O con dos, mejor dicho. Pero empecemos por el principio:

La guipuzcoana localidad de Urnieta acogerá este año, del 12 al 14 de octubre, la trigésima edición de la Hispacón y segunda de la Imagicón, auspiciadas por la Federación Española de Fantasía Épica. Nunca antes se habían alineado los astros para permitirme acudir a esta cita, decana en nuestro país y una de las más importantes para todo aficionado a la fantasía, la ciencia-ficción y el terror que se precie, pero se trata de una falta que me propongo enmendar, y con creces.

Las imágenes que ilustran esta entrada dan fe de lo suculento del programa que nos aguarda a todos los asistentes: conferencias sobre mitología vasca, presentaciones de novedades editoriales diversas, mesas redondas sobre Canción de hielo y fuego... Por mi parte, aterrizaré en Bilbao el viernes a mediodía y espero llegar al menos a la conferencia que dará Elías Combarro sobre los exagerados rumores de la «muerte» de la ciencia-ficción. Con algo de suerte asistiré también a alguna de las anteriores, pero los designios del transporte público son inescrutables y no me atrevo a aventurar nada.



El sábado, sin embargo, son varias las citas ineludibles que me esperan. Por una parte, espero estar presente en la conferencia que darán Javier Negrete y Juan Miguel Aguilera sobre la relación entre la novela histórica y la ciencia-ficción, así como en la de Rafa Turnes («¿Se puede enseñar a escribir literatura fantástica?») y Sofía Rhei («Cómo se crea un idioma»). A partir de ahí tocará ponerse al otro lado del burladero para acompañar a Mariano Villarreal y demás compañeros de fatigas en la presentación de la antología de ciencia-ficción contemporánea Terra Nova, con la que colaboro en calidad de seleccionador de contenidos y traductor.

Poco después, a las 19.00h y ya en solitario, tendré el placer de hablar con todos los que tengan la amabilidad de acompañarme sobre mi experiencia en el ámbito de la traducción de narrativa fantástica, haciendo especial hincapié en las teóricas diferencias entre esta especialidad de la traducción literaria y sus primas hermanas, afines pero no revueltas. Con algo de suerte, limitaciones de horario mediante, al término de la charla cederé la palabra a los asistentes para que me planteen tantas preguntas como se les ocurran y entablar así un diálogo con el que abordar todos aquellos temas que se me hayan podido quedar en el tintero.



La noche del sábado se prevé también movidita, y no solo por la previsiblemente espectacular actuación de Duendelirium, sino porque será entonces cuando se anuncie el fallo de varios certámenes literarios, como el Domingo Santos y los Ignotus, premio este último al que La chica mecánica está nominada en la categoría de mejor novela extranjera. ¿Se llevará el gato al agua? Más aún: Llegado el caso, ¿me dejarían recoger el trofeo en representación de Paolo Bacigalupi? Porque entonces bien pudiera ser que peligren las reservas de sidra de los alrededores... En cualquier caso, aguardo con mucha ilusión este viaje a tierras guipuzcoanas, que sin duda aprovecharé para reencontrarme con varios amigos y desvirtualizar por fin a no pocas personas con las que hasta ahora solo he podido relacionarme a través de las redes sociales.



Por último, añadir tan solo que la XXX Hispacón/II Imagicón no termina hasta el domingo, día 14, aunque me temo que yo ya habré tenido que irme antes de la ceremonia de clausura y me perderé el consiguiente sorteo de libros que se celebrará entre quienes sí puedan quedarse hasta el final. Pinchad AQUÍ para descargaros el programa completo en PDF y... ¡nos vemos en Urnieta!

jueves, 19 de julio de 2012

Cadena de memes


(El meme que encontrarán a continuación está fuertemente inspirado en este encontrado en el blog Strange Chemistry)

Hola, soy un meme. No soy un meme para memos ni una memez de meme. Soy, damas, caballeros e intersexos varios, un meme de libros y llego desde las insondables profundidades donde se produce la intersección entre la biblioteca borgiana, el subconsciente humano y la tecnología de la información. Busco lectores que hayan leído, al menos, diez libros para que me ayuden a extender mi influencia a lo largo de vuestras conciencias. Dicen los memes de videojuegos que estoy condenado, que no puedo encontrar un sustrato de lectores que no existe y que pueden contarse con los dedos de media mano los que han leído tal número de libros y cuentan, encima, con materia gris sobrante para recordarlos.

No seas memo y extiende este meme.

Extendiendo en 3, 2, 1...


Un libro que cambió mi vida

Sin la menor duda, El libro de clan: Salubri, suplemento del juego de rol Vampiro: Edad Oscura. Fue el primer libro que traduje por encargo de una editorial (¡y cobrando!), escasos meses antes de licenciarme en Traducción e Interpretación.

Aquel pistoletazo de salida me permitió emprender una carrera que dura ya doce años, durante los cuales no he dejado de encadenar traducciones de forma ininterrumpida para distintas editoriales. La historia de los hijos de Saulot me permitió dar mis primeros pasos en el trabajo de mis sueños, y por ello me consideraré siempre enormemente afortunado.


Un libro que tuve que leer más de una vez

20.000 leguas de viaje submarino. A los siete años contraje una enfermedad que me mantuvo postrado en la cama durante tres meses interminables que aproveché para leerme absolutamente todo lo que me echaran: Tarzán, Miguel Stroggof, La vuelta al mundo en 80 días, La isla del tesoro, Robinson Crusoe, Ivanhoe, La llamada de lo salvaje, Moby Dick, aventuras varias de Sherlock Holmes, toneladas y toneladas de tebeos... todo. Sé que repetí no pocas lecturas, pero el relato de las peripecias del Nautilus y su carismático capitán Nemo fue sin duda el que más trajín se llevó de todos.




Un libro que me llevaría a una isla desierta

Una antología de Stephen King, Skeleton Crew, porque además de incluir relatos tan emblemáticos del autor como The Mist o The Raft, contiene el manual definitivo de supervivencia en islotes abandonados de la mano de dios: Survivor Type. Bien es cierto que procuraría dejar su lectura para cuando las cosas se pusieran realmente feas.



Un libro que me hizo reír

Glasgow, 1999. Una simpática muchacha alemana con la que compartía residencia de estudiantes, sabedora de que me gustaba la ciencia-ficción, puso el grito en el cielo y se llevó las manos a la cabeza al descubrir que no había leído The Hitchhiker's Guide to the Galaxy.

Ni corta ni perezosa, corrió a la librería más cercana, compró el libro y me lo regaló. Muchas carcajadas y varios años más tarde, ¿a alguien le sorprende que sea la madre de mis dos churumbeles? Las mujeres no son las únicas a las que les gusta que sus parejas sean capaces de hacerles reír.


Un libro que me hizo llorar

Vaya por delante que tengo la lágrima muy fácil. En los últimos tiempos me han emocionado novelas como La mujer del viajero del tiempo, Nunca me abandones o La carretera. Flores para Algernon es capaz de dejarme K.O. durante días. Pero si hay una historia que suscita mi ternura incondicional es la de Colmillo blanco, de Jack London, desde que la leí por primera vez cuando era pequeño.


Un libro que me hubiera gustado escribir

El libro que me gustaría escribir es uno sobre traducción y literatura fantástica, temas que de todas formas ya ocupan la mayor parte de las horas que paso despierto.


Un libro que aborrezco

No sé si «aborrecer» es la palabra adecuada, pero sí es cierto que hace ya algunos años lo mutilé y terminé prendiéndole fuego en el transcurso de una ceremonia dirigida a purgarme en cuerpo y alma de las indudablemente nocivas secuelas que me pudiera haber producido su lectura: Caballo de Troya, de J.J. Benítez.

(Vale, reconozco que si «aborrecer» no es la palabra adecuada es porque en realidad se queda corta.)


Un libro que me decepcionó

El más reciente: Ready Player One, de Ernest Cline. Inexplicablemente, además, porque me atraía la premisa argumental y el comienzo me pareció muy prometedor. Supongo que en este caso los árboles de su nostalgia ochentera y su oda a la subcultura no bastaron para impedirme ver el bosque de una trama excesivamente tramposa y una tediosa ramplonería estilística.


Un libro que estoy leyendo ahora

Rasputin's Bastards, de David Nickle, cuya novela anterior, Eutopia, me deparó una de las lecturas más gratas de lo que va de año. También le debo el impagable descubrimiento de la editorial canadiense ChiZine Publishing; ya han caído cinco o seis libros de su catálogo, y todavía no me ha decepcionado ninguno.



Un libro que pretendo leer

La traducción al español de House of Leaves, en cuanto salga y cueste lo que cueste. Los visitantes más fieles de esta humilde bitácora ya conocen mi fascinación por la obra de Mark Z. Danielewski, y comprenderán que aguarde con inmensa trepidación el resultado de la indudablemente titánica labor de Javier Calvo, encargado de traducir esta novela que coeditarán Alpha Decay y Pálido Fuego.


Gracias a los cuatro verdHugos del apocalipsis por sacarse esta divertida «cadena de memes» de la manga y proporcionarme así la excusa perfecta para volver a hablar de libros, una de las principales razones de ser de este blog.

viernes, 26 de agosto de 2011

Entrevista en la Cadena SER

A lo largo de este mes de agosto, aprovechando unos días de vacaciones en Cantabria, se me brindó la oportunidad por partida doble de hablar de mi trabajo desde dos tribunas tan dispares entre sí como atractivas y exóticas para mí, acostumbrado a desempeñar mi labor desde las trincheras del anonimato. Por una parte, a iniciativa de Ignacio Illarregui y el resto de la Sociedad Cántabra del Fantástico, con la colaboración de Paz Gil y la santanderina librería que lleva su nombre, mantuve una distendida charla acerca de la traducción literaria en general, vertiente fantástica en particular, con todos aquellos asistentes que tuvieron la amabilidad de acompañarme la calurosa tarde del pasado viernes 12.

Por otra, escasos días después, Alfonso Pérez Aristi me ofrecía la posibilidad de participar en el programa Taller de arte, espacio de ámbito local que la Cadena SER en Cantabria emite todos los martes a mediodía. Lo hice encantado y arropado por Paz Gil y Carmen Pila, quien ya ejerciera de moderadora junto a Ignacio Illarregui en la antedicha charla sobre traducción literaria. La experiencia fue breve pero intensa (para mí, al menos, que hacía siglos que no pisaba una emisora, y menos en calidad de invitado oficial), y gracias de nuevo a don Alfonso, que ha tenido la amabilidad de enviarme el archivo de audio, me complace poder compartirla a continuación con todos los lectores de esta bitácora.

video


Valga como aperitivo para los vídeos del encuentro con los lectores en la librería Gil que en breve espero estar en condiciones de colgar también aquí mismo. Permanezcan a la escucha.

viernes, 3 de junio de 2011

La chica mecánica, de Paolo Bacigalupi

Hoy, coincidiendo con la llegada a las librerías españolas de La chica mecánica, la multigalardonada novela de ciencia-ficción del hasta ahora inédito en España (que no en español, pues la revista argentina Cuásar publicaba su relato "El pueblo de arena y escoria" hace tan sólo unos meses) Paolo Bacigalupi, se publica en Literatura Prospectiva la entrevista que el antedicho escritor ha tenido la amabilidad de concederle a este humilde servidor ustedes. Leer a míster Bacigalupi siempre resulta interesante, al menos más que leerme a mí, así que el que quiera ausentarse del blog y correr a echar un vistazo a nuestro cruce de preguntas y respuestas cuenta con mi beneplácito y con el siguiente enlace.

Comoquiera que tengo por norma no reseñar en esta bitácora ninguna novela traducida por mí, algo que creo que ya he comentado en alguna ocasión, me gustaría aprovechar que el Estigia pasa por el Hades y compartir con los fieles seguidores de esta bitácora (perdón por la exagerada racha de sequía, dicho sea de paso; procuraré que no se repita) la peculiar génesis de mi aparición en los créditos de La chica mecánica. Y digo peculiar porque... bueno, a ver, no adelantemos acontecimientos.



Debemos remontarnos hasta mediados de 2009, más o menos, para encontrarme leyendo una antología que llevaba por título Wastelands: Stories of the Apocalypse. Tras tan risueña leyenda su editor, John Joseph Adams, había reunido una heterogénea serie de relatos que coqueteaban con el terror y la ciencia-ficción a partes iguales (me explayaría más, la antología sin duda la merece, pero es que ya lo hice en su día, como atestigua este otro enlace). Uno de los cuentos que más me impactó fue The People of Sand and Slag ("El pueblo de arena y escoria", citado un poco más arriba), de un para mí completo desconocido Paolo Bacigalupi. Con el perversamente agridulce sabor que me había dejado su lectura aún en la boca, indagué y descubrí que el autor había publicado una colección de relatos titulada Pump Six and Other Stories. Las críticas que encontré por Internet la ponían por las nubes, lo que no hizo sino confirmar las buenas vibraciones que me había dado The People..., y ni corto ni perezoso encargué la antología.

Antología que inexplicablemente se quedó languideciendo en el limbo de la temible Pila de lecturas pendientes hasta que, unos cuantos meses más tarde, los mentideros de Internet empezaron a efervescer con los rumores acerca de una novela de ciencia-ficción que estaba arrasando con todos los premios del género habidos y por haber, pese a venir rubricada por un mindundi del que casi nadie había oído hablar hasta entonces. El libro en cuestión era The Windup Girl, y su autor... efectivamente, Paolo Bacigalupi. Esto me recordó que aún tenía pendiente leer Pump Six and Other Stories, de modo que la intriga me impulsó a poner manos a la obra.


Menos de dos días después, con la mente enfebrecida por la inusitada, prácticamente sobrehumana cantidad de imaginación y calidad estilística condensada en sus bastante menos de trescientas páginas, ya me las había ingeniado para encargar y recibir por correo The Windup Girl, cuya primera página empecé a devorar en cuanto terminé de deglutir la última de Pump Six and Other Stories.

Si la antología me había parecido merecedora cuando menos de una crítica detallada en el blog, la novela me estaba pareciendo digna de reseñarse en Literatura Prospectiva, donde siempre han tenido la amabilidad de acoger mis escritos, a fin de exponerla al torrencial tráfico de aficionados a la ciencia-ficción que visitan su página a diario. Ésas eran más o menos mis intenciones cuando iba por la página 150 de The Windup Girl, aproximadamente, con lo que me distraía entre racha y racha de darle a la tecla, cuando apareció un mensaje en la bandeja de entrada de mi Thunderbird. El asunto ("Paolo Bacigalupi, The Windup Girl") era lo bastante críptico como para hacerme pensar así, de sopetón, que qué repámpanos querrían ahora los de Amazon, o los de The Book Depository, o... No sé, ni siquiera me había dado tiempo a mirar bien el nombre del remitente cuando ya había abierto el correo, que rezaba: "Estimado Manuel, somos los editores de The Windup Girl, de Paolo Bacigalupi, un libro que ha obtenido muy buenas críticas y algunos premios de literatura fantástica..."

Los caracteres se sucedieron como hormiguitas inconexas ante mis ojos resecos hasta que, mientras me obligaba por fin a pestañear, empecé a hacerme a la idea de que aquello no venía remitido por Amazon, ni por... no, aquello era una invitación de Random House Mondadori para traducir The Windup Girl, la misma novela que en aquellos momentos descansaba encima de mi mesita junto a la cama, del mismo autor que llevaba prácticamente un año sorbiéndome el seso... en fin, ¿qué podía decir? Pues que sí, claro.



Aquello puso fin a mis intenciones de reseñar Pump Six y The Windup Girl, tanto aquí como en LP, porque no me apetecía vincular tanto mi nombre a una novela en concreto, no fuera a ser que luego se me acusara de albergar intereses ocultos o vaya usted a saber, que tó el mundo es muy bueno, pero también toda prudencia es poca. Inocente de mí, qué poco imaginaba la que se me venía encima. Por medios arcanos (léase Twitter y Facebook, aunque supongo que también LinkedIn y Ediciona, más algún otro rastro que habré ido dejando por ahí sin darme cuenta) empezaron a llegarme mensajes de personas que se habían enterado de que yo había traducido The Windup Girl (a estas alturas ya La chica mecánica, título seleccionado por la editorial antes de que yo recibiera su primer correo electrónico) y que oye, a ver cuándo sale, y las páginas que tiene, y si sabes lo que va a costar... En fin, no quiero pecar de exagerado ni arriesgarme a quedarme corto, así que me limitaré a decir que mi trabajo no es precisamente de los que lo acostumbran a uno a recibir este tipo de atención, así que imaginaos mi perplejidad conforme transcurrían las semanas y se iban acumulando mensajes de ese tipo en mi buzón.

La verdad es que ha sido una experiencia muy bonita, me ha permitido conocer a gente realmente simpática y comprobar que hay un interés, aunque sea bastante soterrado, por la ciencia-ficción contemporánea. De modo que supuso una gran alegría para mí el que, hace un par de semanas, la editorial me animara a remitirles a blogueros y administradores de páginas de Internet de contenido literario su intención de distribuir entre todos los interesados ejemplares de cortesía de La chica mecánica. Algunas de estas personas me han comunicado que ya han recibido su correspondiente envoltorio, cuyo contenido al parecer no se limita sólo a la novela.

Imagen cedida amablemente por David Tejera, en la que se aprecia lo variado del contenido del paquete remitido por RHM.


A todas ellas y a quienes a partir de hoy adquieran su ejemplar en la librería de su elección no me queda sino desearles una feliz lectura, y que disfruten con las peripecias de Emiko, Hock Seng, Jaidee y compañía, siquiera una mínima parte de lo que he disfrutado yo.

lunes, 4 de octubre de 2010

Y pese a todo..., de Juan de Dios Garduño

Dos amigos y vecinos residentes en la ciudad de Bangor (Maine), la hija del uno y el perro del otro, una historia de confianzas traicionadas a sus espaldas y la Tercera Guerra Mundial como telón de fondo. Ya está. Juan de Dios Garduño no podría haber elegido unos ingredientes más básicos para confeccionar lo que resulta ser un suculento manjar servido en la engañosa bandeja pringosa de sangre y vísceras del sello editorial Dolmen, subdivisión Línea Z.

Lejos (pero no demasiado, sino en su justa medida) de las altas dosis de casquería y acción de Naturaleza muerta, por mentar el otro título de Línea Z que ha pasado por mis manos recientemente, Y pese a todo... elude la pirotecnia habitual de las historias de zombis más convencionales y se centra en las cuitas más bien domésticas de sus protagonistas, dos tipos ni viejos ni jóvenes, ni gordos ni flacos, adorables por su humanidad y por lo mismo también abominables a ratos, ambos con sus fantasmas personales y sus bondades redentoras, con las aristas justas para que el lector los encuentre interesantes pero sin cortarse.

Ya se ha escrito mucho sobre esta novela (como amablemente se encarga de recoger la editorial en su página web, a la que remito para quienes busquen una reseña más ortodoxa), de modo que me centraré en los aspectos de la misma que más me han llamado la atención, no todos ellos de carácter exclusivamente literario.

Lo primero que pensé cuando por fin obró este libro en mi poder fue: «Guau, vaya padrinos que tiene este chico.» A la efusiva loa de José Carlos Somoza (repetida por partida triple, para que entre mejor por los ojos) hay que sumar el apasionado y original prólogo que firma David Jasso. Después leí la biografía del autor y me gustó especialmente el detalle de que «actualmente vive en una aldea de Córdoba, con su mujer y su perro», porque fue precisamente en una aldea de Córdoba (Villanueva del Rey, para más señas) donde a finales de abril leí y me dejé la arriba mencionada novela de Víctor Conde, una curiosidad irrelevante pero que a mí me hizo gracia.

Como curioso también (divertido ya no, que no soy tan macabro) encontré el detalle de que Garduño incluya en los agradecimientos finales «a los anónimos médicos del Hospital de Peñarroya-Pueblonuevo por salvarme la vida, aquella aciaga noche», ya que mi familia entera sale de ese mismo pueblo y en ese mismo hospital terminé el día antes de volver a Alemania el ya mencionado mes de abril de este año, si bien por motivos mucho menos graves que los veladamente sugeridos por el autor. Detalles todos, en definitiva, que tienen poco que ver con la novela en sí pero que, sin embargo, forman parte inextricable de la experiencia de su lectura, tanto más grata para mí por cuanto me retrotrae a sendas de la memoria por las que siempre será un placer pasear.

Como último detalle exasperantemente ajeno al quid de la historia, reconocer que andaba (y ando todavía, para qué engañarnos) un tanto picado en mi orgullo porque en alguna parte había leído algo acerca de un concurso relacionado con Y pese a todo..., consistente en encontrar una referencia a Stephen King en la ilustración de cubierta, y sigo sin dar con ella. Yo no es que me considere un enciclopedia con patas en lo tocante a conocimientos sobre el señor King, pero afición sí que le profeso, así que... ¿me podría soplar alguien la solución (si es que ya ha terminado el concurso y no le busco spoilers a nadie)?

Ya para terminar, por pundonor, una de cal y otra de arena más orientadas al aspecto netamente literario de esta obra:

La de cal: He leído por ahí alguna reseña de Y pese a todo... en la que se critica la precipitación con que parece cerrarse la trama, en extraño contraste con lo pausado y angustioso del ritmo de la mayor parte de la novela. Es verdad que termina todo casi con un pimpán, sanseacabó y a otra cosa, mariposa, pero a mí no me molestó especialmente ese detalle. Antes bien, más me hubiera molestado que el autor añadiera dos o tres capítulos más tan sólo para estirar la resolución del conflicto final, en mi opinión certeramente tratado con el estallido de adrenalina que se merece, que ya eran muchas páginas de tensión acumulada.

La de arena: Una nimiedad para muchos, seguro, pero he encontrado párrafos que podrían haberse beneficiado de una ligera reformulación para evitar repeticiones innecesarias como «...Peter tuvo tiempo de ver unas garras que agarraban a la señora Underwood. Nicholas la agarró de un tobillo...» (p. 101), o «Muchos países desarrollados vendían armamento a países en desarrollo, y nuestro país no se salvaba de ello» (p. 172).

Cuestión de gustos, lo reconozco. Y además, quién sabe, a lo mejor en un futuro no muy lejano este tipo de aliteraciones se convierte en la marca de la casa de Juan de Dios Garduño, al que auguro un lugar prominente en el campo de la literatura de terror patria a poco que este Y pese a todo... sea indicativo de algo, y yo aquí, cubriéndome de gloria.

jueves, 30 de septiembre de 2010

La voz de los traidores

Podría ser el título de una novela de Joe Abercrombie, pero no, la entrada de hoy no es más que una modesta reflexión que me gustaría aderezar con unos cuantos enlaces que creo que podrían interesar a mis visitantes habituales (poquitos, pero me consta que haberlos, haylos).

El caso es que me chiflan las entrevistas a traductores, tanto leerlas como hacerlas, como demuestro a salto de mata en La mano izquierda de la traducción, el rinconcito que tan amablemente les pido prestado de vez en cuando a los responsables de Literatura Prospectiva (de visita obligada para todos los aficionados a la ciencia-ficción) como tribuna desde la que pregonar las bondades y calamidades de esta profesión a veces tan dura y siempre tan bonita.

Hoy por hoy, mis colegas traductores contemporáneos y yo desempeñamos nuestra labor para un público cada vez más consciente de nuestra existencia y preocupado por la corrección de nuestra labor. Esto, unido a la facilidad para tender puentes que permite Internet, se traduce (je) en la proliferación de entrevistas a «traidores» (porque traduttore, traditore, ya se sabe), en portales de literatura, portadas de foros o bitácoras personales, con lo que mi curiosidad por conocer mejor la labor de algunos compañeros de profesión, las circunstancias que los condujeron a estar donde están, o incluso su actitud ante las inevitables dificultades propias de nuestro trabajo, se ve ampliamente satisfecha por ejemplos como los que enumero a continuación:

Pilar Ramírez Tello: Pilar, con la que he tenido el placer de compartir créditos en El robot completo, es una excelente traductora cuyo trabajo levanta pasiones, lo que explica que esto de las entrevistas ya no sea nada nuevo para ella (la revista especializada La linterna del traductor incluye una charla con ella en su último número, y yo mismo le hice unas pocas preguntas para La mano izquierda de la traducción en su día). Mi enlace remite en esta ocasión al blog Bienve's Welt, cuya administradora conversa con Pilar sobre sus primeros pasos en el mundo de la traducción, su metodología de trabajo o su opinión sobre el impacto de la actual crisis económica en el sector.

José María Faraldo: La voz del virtuoso Andrzej Sapkowski en español, receptáculo de tal cantidad de elogios a su trabajo que uno no puede por menos de profesarle una (seamos sinceros) malsana envidia profesional. Como es un placer leer tanto sus traducciones como las entrevistas que de vez en cuando concede a distintos portales dedicados a la literatura fantástica, su presencia en esta lista es inapelable.

Adolfo Muñoz: No tengo el placer de haber leído ninguna de las obras traducidas por este veterano profesional, pero el gracejo con que se expresa y el impagable retrato del modus vivendi de un traductor literario típico que ofrece, sin duda atractivo para los curiosos que vean la profesión desde la barrera, hacen que figure en este listado por méritos propios.

Noemí Risco: Licenciada en Traducción e Interpretación que desembarcó hace relativamente pocos años (por lo que leo en su perfil de Ediciona, espero no estar metiendo la pata) en el mercado de la literatura fantástica. En la entrevista enlazada habla de los plazos de entrega, el papel del traductor en la elección del título de una novela, y varios aspectos interesantes más de nuestro trabajo.

Esta entrada se publica un 30 de septiembre, día de san Jerónimo, o lo que es lo mismo, el Día Internacional del Traductor. Valga, por tanto, como modesta celebración de nuestro trabajo y brindis lanzado al aire para todos mis esforzados compañeros de faena. Traductores... ¡salud!


viernes, 10 de septiembre de 2010

Filias y fobias

A los lectores omnívoros, a los que nos gusta picotear de letras variadas, nos viene de perlas contar con oasis de opinión fiables en los que refrescarnos cuando nos asalta la sed de nuevas lecturas. Así, con el tiempo, uno va reuniendo en su agenda gastronómico-literaria particular a amigos, críticos y reseñadores con gustos parecidos al suyo y recurre a ellos ante la duda de si tal o cual título tiene sustancia realmente o si, por el contrario, tocar hacer un saludable ayuno.

Del mismo modo que entre esos enlaces que hay abajo a la derecha encuentro periódicamente opiniones que me ayudan a formarme una idea sobre algunas novelas que me interesan, a corroborar impresiones dejadas por obras ya digeridas o a descubrirme matices que quizá en su día pasaron volando demasiado por debajo del radar de mi paladar, me gusta pensar que en esta humilde bitácora recalan de vez en cuando peregrinos que, a la salida, no importa cuánto haya durado su estancia, se llevan consigo siquiera un ápice de la información que buscaban cuando llegaron.

A todos estos viajeros de paso (los que tengan Reyes y Truenos por parada de postas habitual sé que se habrán dado cuenta hace tiempo) va dirigido este caveat lector: Mi blog no contiene ninguna reseña objetiva. Pero es que ni una sola, es tremendo. De verdad. Procuro huir en la medida de lo posible del «me gusta porque sí» y el «me parece una mierda porque asá», creo que no me faltan herramientas para ello y me esfuerzo por llevar la teoría a la práctica porque ése es el trato que me gusta recibir cuando busco la valoración de alguna novela en otros rincones. Quid pro quo. Ends meet. Cacahué.

Pero a veces es que resulta imposible. Y como muestra, por si a alguien le da pereza bucear en entradas más antiguas, dos botones de novísimo cuño:

EIN KÖNIG FÜR DEUTSCHLAND, de ANDREAS ESCHBACH, nos cuenta la historia de una hipotética restauración de la corona alemana por parte del sobrio pero revolucionario cuando se tercia profesor de instituto Simon König y su hijo ilegítimo Vincent, genio de la informática y manazas para absolutamente todo lo demás envuelto en turbias manipulaciones electorales en los EE.UU., amén de víctima del chantaje del mago Zantini, cabaretista de ascendencia italiana e inevitables contactos mafiosos, respaldado por un hombre con el cuerpo tatuado de pies a cabeza y una mujer barbuda. Ah, y por un enano cascarrabias, pero éste sale muy poco. El elenco de personajes arquetípicos y esperpénticos dura y dura, pero mejor parar aquí y terminar cuanto antes con la parte más objetiva e insulsa de esta reseña: Ein König für Deutschland es un thriller detrás del que se nota que hay un trabajo de documentación exhaustivo (y por si acaso no se notara, las abundantes notas a pie de página ya se encargan de recordárnoslo cada pocas páginas), un palpable intento por parte del autor de imprimir una mayor dosis de humor a su estilo, y una innegable motivación más pegada a lo puramente alimenticio que a la excelencia literaria en su factura. Indigno de Eschbach. De película de sobremesa. Y la novela con la que mejor me lo he pasado en muchos, muchos meses.

¿Que esto cómo se come? Muy fácil: La mitad de la acción transcurre en los Estados Unidos y la otra mitad en Alemania, más concretamente en Stuttgart, que da la casualidad que es donde vivo yo desde hace esta semana seis años. Y así, leyendo sobre algunas costumbres suabas como la sacrosanta Kehrwoche, o el ritual de la confección de un buen Braten; visualizando a los personajes en escenarios tan familiares como el Schloss Solitude, donde tantos domingos soleados habré pasado de merendola, o en la Königstrasse de la capital, o en Ludwigsburg; compartiendo vicariamente las vivencias de un grupo de ya-no-tan-jóvenes inadaptados aficionados a los juegos de rol, la emotiva mención al clásico Schwarze Auge... se le fueron vendando solos los ojos al lector más gourmet que llevo dentro a la vez que, con cada página que pasaba, se iba despertando un poco más el apetito de esa otra faceta que tenía quizá un poco desnutrida últimamente: la del goloso encerrado por accidente en una confitería, o la del glotón que ve cómo su dietista le levanta un régimen estricto el día que menos se lo espera. Y qué atracón, señores. De los de café, copa, puro, siesta y partida después.

Ahora bien, recomendar la novela, lo que es recomendarla... sin paliativos no, la verdad.

En cambio con SCHWARZFALL, de PETER SCHWINDT, me ha ocurrido justamente lo contrario. Cuando leí la sinopsis (en la ciudad de Fráncfort se produce un inesperado apagón general y la gente se las tiene que ingeniar para salir adelante sin electrodomésticos, enfrentándose a la escasez de víveres y combustible) reconozco que enseguida resonaron en mi cabeza ecos del Ensayo sobre la ceguera de José Saramago. ¿Por qué no? Y si por talento literario se quedaba corto, al menos la premisa de partida prometía ser lo bastante interesante como para ayudarme a pasar una página detrás de otra hasta el final.

Y así fue, las páginas aleteaban ante mis ojos a una velocidad pasmosa, pero no porque Schwarzfall tenga nada en común con Ensayo sobre la ceguera, aparte de la oscuridad que envuelve a sus protagonistas durante gran parte de la trama. La novela de Schwindt prometía ser un thriller de altos vuelos y se queda en telefilm de sobremesa. Ni la estructura, ni los personajes, ni el vocabulario empleado por el autor destacan de ninguna manera. Y sin embargo...

Y sin embargo, el cinismo, la violencia y la vulgaridad del lenguaje empleado son los tres sencillos acordes que utiliza el autor para componer una moderna oda punk a los tiempos que corren, caracterizados por los altos índices de desempleo, el repunte de la xenofobia, el ensalzamiento de la vanidad frente a la educación y la glorificación del individualismo frente a la solidaridad. Y a mí el punk, pues oye, como que siempre me ha gustado. Por eso recomendaría la novela, no a quienes busquen deleitarse con enrevesados rompecabezas argumentales o con evocadoras concatenaciones interminables de alegóricas oraciones subordinadas, sino a quienes no tengan bastante con el cáustico baño de realidad con que nos abrevan los telediarios y deseen sumergirse más aún, quizá con una bombona de introspección bien cargada a la espalda, en las tenebrosas profundidades de nuestro día a día.

Aunque parezca incongruente no querer recomendar una lectura que me ha gustado, y viceversa, sé que la inmensa mayoría de las críticas y reseñas literarias que se pueden encontrar en la Red contienen esa pequeña dosis de contradicción. Tan sólo es cuestión de saber de qué pie cojea cada uno. Y nosotros ya nos vamos conociendo, ¿verdad?
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