jueves, 23 de abril de 2009

The Stone Gods, de Jeanette Winterson


Seguro que algún fan se llevará las manos a la cabeza al leer esto, pero debo reconocer que la veterana escritora británica Jeanette Winterson era una desconocida para mí cuando cayó esta novela en mis manos en septiembre del año pasado, como inesperado regalo de cumpleaños. Mi mujer, que me conoce, me la dejó en las manos más o menos con estas palabras: "Aunque no lo parezca, es de ciencia-ficción, y al parecer es de las buenas." El siguiente paso lógico fue recabar información sobre esta "desconocida", que está bien tener lagunas, pero mejor aún está el subsanarlas: Nada menos que una decena de títulos en su haber, más libros de ensayo, cuentos infantiles, cómics... y gran parte de su producción traducida en España, además, incluida la novela que nos ocupa bajo el título de Planeta azul, editada por Lumen.

Mi investigación reveló que Winterson en realidad tampoco era tan desconocida para mí: ya había leído un relato suyo hace años, incluido en la más que comprensiblemente olvidable recopilación Los nuevos góticos. Y otro detalle, puede que The stone gods fuera ciencia-ficción, pero su autora tenía otra opinión:

What do you think about novelists and science?
I hate science fiction. But good writers about science, such as Jim Crace or Margaret Atwood, are great. They take on science because it’s crucial to our world, and they use language to give energy to ideas. But others just borrow from science and it ends up like the emperor’s new clothes, with no understanding of the material. But you shouldn’t fake it because science is too important, it’s the basis for our lives. I expect a lot more science in fiction because science is so rich. I certainly learn from my books as I go along.

New Scientist, 25 de agosto de 2007


En otras entrevistas Winterson parece cambiar el paso y afirma que no es que no le guste la ciencia-ficción, sino que lo que no le gustan son las etiquetas de ningún tipo. En fin, a mí qué más me da. Que le dé la réplica alguien más cualificado, no sé... Ursula K. LeGuin, por ejemplo:

It's odd to find characters in a science-fiction novel repeatedly announcing that they hate science fiction. I can only suppose that Jeanette Winterson is trying to keep her credits as a "literary" writer even as she openly commits genre. Surely she's noticed that everybody is writing science fiction now? Formerly deep-dyed realists are producing novels so full of the tropes and fixtures and plotlines of science fiction that only the snarling tricephalic dogs who guard the Canon of Literature can tell the difference. I certainly can't. Why bother? I am bothered, though, by the curious ingratitude of authors who exploit a common fund of imagery while pretending to have nothing to do with the fellow-authors who created it and left it open to all who want to use it. A little return generosity would hardly come amiss.

http://www.guardian.co.uk/books/2007/sep/22/sciencefictionfantasyandhorror.fiction


Subjetivismos de la autora al margen, lo cierto es que The stone gods no sólo es ciencia-ficción, sino que además lo es de la buena. Como La carretera, como Nunca me abandones, como La conjura contra América y tantas otras novelas que "son pero no son", en un rentable doble salto mortal que fascina por igual a lectores propios y extraños del género. Aunque el libro de Winterson parece haber pasado con más pena que gloria por las librerías y los foros online habituales, a diferencia de los ejemplos antes mencionados. Jeanette Winterson, casi tan discreta como David Mitchell, con quien se diría que compartió clases de estilo para escritores de literatura fantástica, preveo que está abocada a ver cómo el impacto de su obra se diluye entre el desinterés generalizado de la fan-base por casi cualquier novedad que no sea una reedición de Asimov y la indiferencia habitual del grueso de la población lectora total de España.

The stone gods es, a grandes ragos, una historia de viajes en el tiempo y realidades alternativas protagonizada por dos personajes destinados a encontrarse una y otra vez con distintos cuerpos pero el mismo nombre, Billie y Spike. Con la poco sutil campanilla del apellido de Billie (Crusoe), Winterson avisa al lector desde el principio de lo que piensa hacer con él/ella, a saber, vararlo en una isla ora literal, como en la subtrama ambientada en una Isla de Pascua que podría ser o haber sido, ora metafórica, como el mundo post-apocalíptico a lo Terminator donde se cierra la novela.



También hay denuncia en The stone gods, y mucha: contra el maltrato al que estamos sometiendo a nuestro planeta (el pistoletazo de salida del libro es el descubrimiento de un nuevo mundo, el planeta azul que da título a la versión española, por parte de una humanidad que ya empieza a quedarse sin dónde vivir), contra los roles sexuales, contra el embotamiento de las modas y el conformismo, contra la insatisfacción de vivir pendientes de la satisfacción de los demás...

Spike, you're a robot, but why are you such a drop-dead gorgeous robot? I mean, is it necessary to be the most sophisticated machine ever built and to look like a movie star?

She anwers simply: 'They thougth I would be good for the boys on the mission.'

I am pondering the implications of this. Like a wartime pin-up? Like a live anti-depressant? Like truth is beauty, beauty truth? 'How good? I mean, I'm assuming you're not talking sexual services here.'

'What else is there to do in space for three years?'

'But inter-species sex is illegal.'

'Not on another planet it isn't. Not in space it isn't.'

'But you were also the most advanced member of the crew.'

'I'm still a woman.'

A la prosa ágil y poética que trufa cada una de sus páginas hay que añadir también delicadas notas de humor, como cuando Billie Crusoe se encuentra un libro olvidado en el metro. ¿Su título? The stone gods. "Va de un mundo que se repite", explica cuando le preguntan de qué trata. La involuntaria guinda del pastel de esta broma privada viene cuando uno de los empleados de la editorial inglesa de Winterson se dejó olvidado el manuscrito de The stone gods en una estación de metro de Londres, para regocijo de una fan de la autora que no dudó en ponerse en contacto con la descuidada agencia para devolverles el libro... no sin antes avisar a los periódicos para airear su hallazgo, supongo, de lo contrario no me explico cómo pudo llegar a hacerse pública esta tremebunda metedura de pata. Más información sobre esta anécdota, aquí.

Por su valor literario, por su mezcla de estilo desenfadado y crítico a la vez, y por su meritorio ejercicio de autocontención (mi ejemplar de Penguin no llega a las 250 páginas) cuando perfectamente podría haberse enrollado como una persiana en vez de colocar el punto y final donde lo hace, acertando así a la hora de seducir sin aburrir en ningún momento al lector, considero The stone gods una de las mejores novelas que tuve ocasión de leer el año pasado, y no me refiero sólo a obras de género. ¿Qué más se le podría pedir a un inesperado regalo de cumpleaños?

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