domingo, 17 de mayo de 2009

Diez verdades sobre el oficio de escribir, por Andreas Eschbach

Cuando hace apenas unos días que hablaba del reciente regreso del alemán Andreas Esbach al universo de Los tejedores de cabellos, descubro gracias a su página oficial que el prolífico escritor tiene ya la publicación de una nueva novela prevista para este mismo año, a saber:



Según los textos publicitarios, König, Kanzler, Vaterland narra las vicisitudes de un programador que averigua la manera de manipular el recuento informatizado de votos. Con mención especial para las polémicas elecciones presidenciales de los EE.UU. del año 2000. Árido tema que Eschbach a buen seguro sabrá exprimir todo su jugo.

Pero no venía yo a hablar de eso, sino de otro apartado del portal oficial del autor, concretamente el titulado Übers Schreiben, "sobre la escritura". Entre distintos artículos relacionados con las herramientas del escritor, desde la planificación del guión al desarrollo de los personajes, pasando por el tratamiento de los diálogos, Eschbach cuela una suerte de decálogo que pretende abordar algunos mitos y leyendas que rodean el oficio de escribir.

Por si a alguien más le parece tan interesante como a mí saber qué opina un escritor de la escritura, me permito reproducir una breve sinopsis de cada apartado, intentando seguir la misma estructura que el texto original:

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1) Escribir significa hacerse rico.
La verdad es que la mayoría de los escritores nunca llegan a vivir exclusivamente de la escritura.

2) Escribir significa hacerse famoso.
La verdad es que incluso los autores de best-sellers no son más que famosetes de tercera: Sólo si tienen que rellenar algún hueco recurrirán los medios a ti. Noticia se considera sólo la muerte de un escritor.

3) La vida de un escritor está llena de emociones.
La verdad es que la mayoría de los escritores llevan una vida completamente anodina, llena de horas a solas en su cuarto, escribiendo.

4) Escribir es lo mismo que perdurar.
La verdad es que la mayoría de las novedades gozan de una vida efímera. El libro de bolsillo que no se vende bien desde el principio desaparece de los estantes a los dos o tres meses; medio año en el caso de los libros en tapa dura.

5) Escribir poesía demuestra talento literario.
La verdad es que casi todo el mundo atraviesa tarde o temprano una fase de su vida durante la cual se acrecienta su interés por la poesía, sobre todo en la adolescencia, caracterizada por emociones tan tumultuosas como exacerbadas.

6) El escritor debe aspirar a la excelencia literaria, todo lo demás carece de valor.
La verdad es que uno sólo puede escribir lo que también le gustaría leer.

7) Escribir tiene truco.
La verdad es que en ninguna otra parte está todo tan a la vista como en un texto escrito.

8) Uno sólo puede escribir cuando está inspirado.
La verdad no podría ser más distinta: Uno sólo puede disfrutar de la inspiración mientras escribe.

9) Lo mejor que puede hacer uno con su novela recién terminada es enviársela directamente a alguna editorial.
La verdad es que sería mejor que el autor se olvidara de esa novela por algún tiempo, que pensara en otra cosa durante un mínimo de seis semanas, o mejor todavía, tres meses, y que después la sacara del cajón y se la volviera a leer de cabo a rabo.

10) Cuando una editorial busca autores, lo anuncia.
La verdad es que algunas editoriales publicitan que buscan nuevas promesas, pero lo más habitual es que sean los mismos autores quienes tomen la iniciativa y envíen sus manuscritos "sin cita previa" a aquellas editoriales con las que ya estén familiarizados como lectores.

10+1) Para publicar un libro hay que pagar.
La verdad es que esto es una leyenda que algunas agencias de "coedición" sin escrúpulos no se cansan de difundir.

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Sobre el undécimo apartado "la verdad es que" Eschbach descarga una mala leche poco contenida a la que mi somera traducción no puede hacer justicia, se nota que el tema le toca bastante la fibra sensible.

Y sí, lo reconozco, un decálogo de once puntos queda raro, pero espero que me sepáis perdonar la libertad.

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