martes, 5 de mayo de 2009

Slam, de Nick Hornby

Es una de esas verdades universales en las que muchos no nos fijamos hasta que nos muerde en el culo, pero no por hacer uno la vista gorda es menos cierto: Hay un momento para todo y un tiempo para cada cosa. Los balancines de madera pertenecen a la infancia, el porno es la patria y bandera de la pubertad, el estreñimiento y la cachava no perdonan al anciano. Luego uno puede retorcer este axioma e intentar plegarlo a su voluntad (el jubilado retoma con afán las maquetas de trenes de su niñez, el cuarentón atiza las ascuas de su libido con pornografías nunca soñadas en su adolescencia), pero a la larga creo no errar por mucho si digo que todo, o casi todo, está compartimentado y tarde o temprano nos encontramos abriendo desconocidos cajones vitales cuyo contenido, sin embargo, no nos sorprende.

La perspectiva de paternidad me ha levantado ese velo de los ojos. Sin duda antes había los mismos niños jugando en la calle, las mismas mamás empujando carritos en el centro comercial y los mismos balones rodando ominosos por el centro de la carretera (si hay algo que vaticina la pronta aparición de un infante, más que el retraso de una menstruación o los errores de cálculo a la hora de dar marcha atrás durante el coito, es una pelota vagando por la calle), pero nunca antes había visto yo todo esto tan diáfano ni lo había tenido jamás tan presente. Si el niño del Sexto sentido veía muertos a veces, yo veo churumbeles a todas horas. Ejemplo práctico: Descubro una película que me gusta, Zack And Miri Make A Porno, de Kevin Smith, y como me hace gracia el protagonista (el cachondísimo canadiense Seth Rogen) me propongo ver otra cinta donde salga él. ¿Y qué es lo siguiente que cae en mis manos? Knocked Up, comedia romántica que trata, como su nombre bien indica, de un embarazo de penalti. Está graciosa Knocked Up, por cierto, pero me quedo con la de Zack y Miri. 

O hablemos si no de lecturas: Emprendo una de mis habituales batidas de caza por las librerías y me llama la atención la portada de Slam, de Nick Hornby, escritor que conocía de nombre pero que nunca me había dado la impresión de ser plato de mi gusto. La portada es esa misma de más arriba, por cierto, las siluetas de los skaters en la U. Como de jovencito me gustaba el monopatín, le doy al libro el beneficio de la duda necesario para leer la contraportada, cuyo texto viene a rezar en uno de sus párrafos: «Then a little accident happens. One with big consequences for someone just finding his way in life. Sam can't run (let alone skate) away from this one. He's a boy facing a man's problems and the question is – has he got what it takes to confront them?» Total, que me pica la curiosidad y voy un paso más allá: Abro la novela por una página al azar y leo que el protagonista puede viajar al futuro gracias a un poster de Tony Hawk. El estilo parece intrigante y divertido. Me digo, a ver si voy a estar perdiéndome a alguien en plan Jonathan Carroll o así. Y pico. Y me compro el libro. 

Y luego resulta que va de embarazos. 

No sólo eso, sino que la novela está dirigida a esos misteriosos Young Adults (algo que no se menciona ni en la portada ni en la contraportada que me condujeron a esta trampa) que las editoriales americanas todavía consideran un target válido, cuando todos sabemos que los jóvenes leen hoy menos que nunca, y por consiguiente atufa al clásico barniz entre edificante y condescendiente que desprenden las obras de, digamos, un Paulo Coelho cualquiera. Pero para cuando me doy cuenta de mi error ya es tarde, llevo un buen montón de páginas y no me gusta dejar los libros a medias. Además, tampoco está tan mal, el protagonista es un cretino y la historia de principio a fin predecible, pero a ratos despuntan conatos de agradable humor blanco. Y va de embarazos. Y yo voy a ser padre. Y estoy ya hasta los mismísimos de empacharme de manuales del buen papá y qué esperar cuando se espera un bebé, así que me tomo este giro de la rueda del karma con resignación y me leo Slam hasta el final.

Tras lo cual decido dedicarle una entrada en mi blog porque, aunque no tenga nada ni remotamente reseñable, me lo pide el cuerpo. Será porque hay un momento para todo y un tiempo para cada cosa, y ahora era el momento de hablar de libros que no son lo que parecen, o de las cadenas del determinismo, o de esas sensaciones tan extrañas que nos asaltan a los que no sabemos qué esperar cuando estamos esperando un bebé.

3 comentarios:

  1. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

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  2. Me salto el tema personal (hop) y voy directamente a lo mío: de Hornby es muy recomendable _Fever Pitch_, sobre todo si no te gusta el fútbol (como es mi caso). _High Fidelity_ y _About a Boy_ son libros bastante agradables. Y _31 Songs_ tiene su gracia.

    Curiosamente, hay otro libro titulado _Slam_ que he leído y te recomiendo: el de Lewis Shiner (en el que el "slam" del título hace referencia tanto al skate como a la cárcel).

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  3. Hornby y yo sé que hemos empezado con el pie izquierdo, así que tarde o temprano tendré que darle otra oportunidad.

    La novela de Shiner tiene muy buena pinta, tomo nota.

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