viernes, 31 de julio de 2009

Linkin Park, Stuttgart 30-7-2009

Según la prensa alemana, 34.999 personas me rodeaban ayer en la explanada Canstatter Wasen, en Stuttgart, escenario que ya conocía por ser la zona donde tradicionalmente se levantan las casetas del Frühlingsfest y el Volksfest, fiestas de la cerveza de la región. También corrió ayer la cerveza, pero no en cantidades industriales, pues no era ella la reina de la fiesta sino los nu-metaleros Linkin Park, a los que ya tenía ganas de ver en directo.

Los 60 euros que costaba la entrada me daban permiso para ver también a los dos teloneros, Funeral For A Friend y Coheed and Cambria, aunque me temo que no supe aprovechar bien el dinero invertido: los primeros no sé cuándo empezaron a tocar, pero el caso es que no llegué a verlos (ni varios cientos de personas tampoco, porque no fui ni mucho menos el último en personarme en la explanada), y los segundos empezaron el show y lo terminaron casi antes de que me diera cuenta de que ya había alguien en el escenario. Media hora justa para una banda de canciones de más de seis minutos de duración, por lo general, me supo a muy poco.

La mayoría de la gente se alegró, no obstante. Ni la banda supo conectar con el público (conmigo tampoco, cuando se retiraron sin tocar ni uno sólo de sus Velorium Camper), ni éste tenía intención de ponerles las cosas fáciles a aquellos desconocidos de rollo guitarrero-progresivo tan alejado de las estrellas de la noche.

Hablando de público, me llamó poderosamente la atención la cuantiosa afluencia de adolescentes y niños acompañados de sus padres u otros mayores. No me molestó en absoluto, que conste (había espacio de sobra y ningún chiquillo se fue a los moshpits, como sí que me ocurrió con Coal Chamber en Glasgow), pero sí que me hizo reflexionar acerca del éxito de Linkin Park. Quiero decir... ¿para quién tocan estos chavales? Es música agresiva, a ratos, siempre dinámica, rap y guitarras perfectamente fusionadas, así como las voces de Chester Bennington y Mike Shinoda, pero sus aficionados de treinta para arriba estábamos en franca minoría anoche.

Quizá relacionado con esto esté el hecho de que la canción más coreada de todo el concierto fuera la última de todas, New Divide, perteneciente a la banda sonora de Transformers 2. No sé por qué, pero me da que el fan medio de Linkin Park no es precisamente seguidor de Michel Gondry o Lars Von Trier.

En cuanto a la actuación en sí, una hora justa antes de que Bennington enviara a sus compañeros detrás del escenario y se marcara una improvisada presentación de su nuevo proyecto alternativo, Dead By Sunrise, acompañado de un nuevo guitarrista que presupongo miembro de esa formación. Y digo presupongo porque allí nadie lo presentó ni dijo nada de qué iba aquello, si me he enterado de que esos tres temas son de Dead By Sunrise es por la prensa del día después (lo que no sé es cómo se enterarían los periodistas). Acto seguido, tres canciones más y a cerrar el chiringuito. ¿Camiseta de recuerdo? 30 euros. Danke, nein.

Muy fría la actuación, para tratarse de una banda tan joven y ágil sobre el escenario, sin una sola palabra para el público, más que un Stuttgart! pronunciado al final del segundo tema y un Thank you! al final de todo. La verdad, me pareció un poco apático todo, no sé si llamarlo actitud de diva o qué, pero es el regusto final que me dejó este plato de altanería con guarnición de indiferencia. Tan sólo una vez se dignaron interactuar Mike y Bennington con sus fans, en uno de los momentos más apasionantes de la noche, casualmente inmortalizado por un espectador de pulso firme y don para estar en el sitio justo en el momento apropiado:


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