jueves, 6 de agosto de 2009

Los cronocrímenes, de Nacho Vigalondo


¿Sabes cuando se anuncia el estreno de una película y te dices, "Ésta hay que verla", y luego resulta que se te pasa y no la ves, y te olvidas...? Pues eso mismo me ocurrió en su día con Los cronocrímenes, dirigida por mi paisano Nacho Vigalondo, cinta sobre viajes en el tiempo con aires de relato largo o novela corta (reparto reducido, premisa inicial que gira en torno a una última vuelta de tuerca argumental, forma ceñida al fondo, sin estridencias...) que abunda en las clásicas paradojas del subgénero: ¿Altera el futuro viajar al pasado? ¿Altera el presente conocer el futuro? ¿De verdad puede irse todo al garete si uno se encuentra consigo mismo en otra línea temporal?

Comienza la historia en una casa en el campo que se adivina recién comprada por una pareja. Cuando la mujer (Candela Fernández) coge el coche y se va "al pueblo" a hacer unas compras. En su ausencia, el marido, Héctor (Karra Elejalde) se sienta en el jardín y otea el bosque que rodea la finca con ayuda de unos prismáticos. Descubre así a una muchacha (Bárbara Goenaga) cuya extraña conducta le anima a intentar encontrarla en la espesura. En mala hora, pues cuando por fin da con ella, un individuo armado con unas tijeras y la cara vendada le ataca por la espalda sin previo aviso. Pese a lo inesperado del asalto, logra escapar y va a refugiarse en un misterioso complejo científico casualmente emplazado no muy lejos de donde él vive. Allí, espoleado por el no menos misterioso único ocupante de las instalaciones (el propio Nacho Vigalondo), se esconde en una máquina que le transportará algo más de una hora al pasado. El misterio está servido, por supuesto, y comienza la búsqueda de la quimera que impulsa toda la cinta: Romper el círculo vicioso que lleva a Héctor y a sus anacrónicos alteregos a incurrir una y otra vez en los mismos errores.


Por la propia planificación de la trama, abundando en ella correría peligro de desvelar demasiados detalles que podrían estropearles la diversión a quienes aún no hayan visto la película y quieran hacerlo. Sí me gustaría decir antes de concluir que el planteamiento en sí me ha gustado, no tanto el abrupto final (de nuevo, tan de relato) como algunas de las interpretaciones (la de Vigalondo, en concreto, llega a lastrar la plausibilidad de lo que se nos cuenta con su hieratismo, que resta enteros a los momentos de mayor suspense e hiperboliza hasta lo paródico los de tensión). Se me hizo corta, en cualquier caso, y es posible que una mayor atención a las motivaciones de los personajes (¿adónde va la chica anónima con su bici? ¿de dónde viene? ¿qué pinta realmente la "bañera del tiempo" en ese laboratorio?) contribuyera a distraer al espectador de un final necesariamente predecible.

Veamos qué modificaciones introduce Timothy Sexton, guionista de la soberbia Hijos de los hombres, al parecer contratado ya para realizar el remake de Los cronocrímenes en yankilandia.

6 comentarios:

  1. Disfruté mucho con Los cronocrímenes, pero coincido contigo en que la interpretación de Vigalondo flojeaba un poco :/ Veremos qué tal queda el remake.

    También me encantó Hijos de los hombres, la cual, aunque no venga a cuento, me gustaría haber visto arropada por una banda sonora de Nine Inch Nails, creo que hubiera encajado a la perfección 8D

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  2. hombre, la banda sonora de hijos de los hombres es inmejorable. no hacen falta NIN, que además hace tiempo que no producen gran cosa de interés (si acaso aplicaciones para el Iphone que luego censura Apple).

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  3. No hay nada inmejorable, me temo. Como me temo también que en esta bitácora no se admiten anónimos.

    Identifíquese si quiere conversar, ciudadano.

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  4. es por pereza (tanto meter datos y contraseñas). Mejor pongo mi nombre cristiano (aprovechando que todavía lo sigo siendo). Aprovecho para saludar y declarar mi admiración por tu labor como traductor (yo podría aprender un montón de cosas).

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  5. Pues gracias por las flores, Carlos, no se merecen.

    Y bienvenido a esta bitácora, estás en tu casa.

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