martes, 13 de octubre de 2009

City Of Fire, de Robert Ellis


Suelo engancharme tarde al tren de las series de novelas de misterio protagonizadas por personajes con nombre propio (me pasó con el cachazudo inspector Rebus, de Ian Rankin; con el macarra ex marine Jack Reacher, de Lee Child; con Dirk Pitt, con Jack Ryan, con... con todos, vamos), así que cuando me llamó la atención esta novela del para mí desconocido Robert Ellis y descubrí que era la primera de una serie a protagonizar por la detective Lena Gamble, supe que ésta era mi oportunidad de montar a tiempo en el tren.

Lo que no sabía era si el viaje merecería la pena, pero bastaron las primeras páginas del libro para tranquilizarme: asesinato brutal, escena del crimen analizada a conciencia, falso sospechoso interrogado y despachado rápidamente para dar paso al comienzo de la verdadera cacería, y todo ello enmarcado en el seductor escenario de Los Ángeles (que Ellis logra describir de forma más que convincente) y aderezado con unos diálogos ingeniosos sin caer en la autoparodia ni rozar el ridículo, algo de lo que cada menos autores contemporáneos pueden presumir.

La historia comienza sin darnos tiempo a coger aliento cuando un tipo llega a casa para encontrarse con su mujer destripada en la cama. El departamento de policía de L.A. le asigna el caso a la recién ascendida detective Gamble, apadrinada por el veterano a punto de jubilarse Hank Novak. Que el viudo fuera el responsable sería demasiado fácil, así que una vez despejada esa incógnita comienza la verdadera investigación, y la ciudad no tarda en ponerle nombre a su nuevo asesino en serie favorito: "Romeo."

He could smell her vagina. He was trying to concentrate on his work, but he could smell it. He was sure he could. The odor was hidden in the recesses of her perfume. Lost but not forgotten in the attempt by the perfume designer to replicate the scent of lavender flowers hovering over a garden and wafting through crisp morning air to the end of his nose.
Martin Fellows liked the smell of lavender.

La identidad del psicópata no es un misterio para el lector en ningún momento, pero Ellis se toma la molestia de profundizar en su retorcida psique y hacernos partícipes de sus enfermizos deseos, vacunándonos así más que eficazmente contra el tedio. Por si eso fuera poco, en cortés deferencia a la estrella de la novela, el autor se toma su tiempo dejándonos atisbar el pasado de la detective Gamble, sobre todo las partes relacionadas con su difunto hermano y con las causas de su temprana muerte, integrándolo todo por si fuera poco en la trama de Romeo con una serie de requiebros que le auguran un prometedor futuro en el género. O dicho de otra manera: el final no decepciona en absoluto.

Al parece está previsto que Lena Gamble protagonice por lo menos otras dos novelas, la primera de las cuales, Lost Witness, ya debe de estar al caer. Y yo que lo lea.

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