viernes, 4 de diciembre de 2009

2012

Hay ocasiones en que realmente merece la pena ir al cine, aunque la peli sea una mierda caca. Ir a ver 2012, por ejemplo, me ha servido para orearme, que ya empezaban a acumulárseme los días de encuevamiento, y para ampliar conocimientos: resulta que el Emmerich nació donde vivo yo  y se crió donde trabaja mi mujer. CPI en toda regla, como tiene que ser.

Luego me ha gustado especialmente comprobar que en el bar tenían palomitas saladas y no sólo dulces, como en la mayoría de cines de los alrededores, y descubrir que la combinación de día del espectador + colega con tarjeta de habitual te deja el precio de la entrada a unos nada despreciables 4,50 €, la mitad de lo que suele costar la broma de ver una peli en pantalla grande por otros lares... y 30 céntimos menos de lo que he pagado por el billete de ida y vuelta en tren a la Stadt, veinte minutos de trayecto; luego se quejan de que la gente coge el coche para ir a cualquier lado.


«Pues no que parece que se pone a chispear...»


Aparte de eso, mientras John Cusack buceaba entre los engranajes de su futurista arca de Noé, no pude parar de preguntarme dónde había visto yo al muchacho en una tesitura parecida, dónde... y ahora creo que por fin he caído: en 1408, centrifugándose en su habitación encantada. Este hombre está aficionándose a los remojones casi tanto como a las películas de título numérico.

Y... y creo que ya he dicho todo lo que tenía que decir sobre 2012, yo creo.

Sip, ya está.

3 comentarios:

Related Posts with Thumbnails