jueves, 10 de diciembre de 2009

Las tildes sobre las íes


Cualquiera diría que apellidarse García es fácil, ¿verdad? Quiero decir, ¿cuántos García debe de haber en España? ¿En Sudamérica? ¿En el mundo? Seguramente menos, pero que muchos menos de lo que nos imaginamos.

La cuestión es que yo pensaba que había traído otro García al mundo (mi mujer, más bien), pero el caso es que después de los dolores del parto comenzaron otros igualmente interminables y bastante más irritantes: los de la burocracia alemana. Cualquiera que sea padre sabrá la de vueltas que le dan uno y su pareja a la cabeza hasta encontrar un nombre que les guste a los dos. Tras conseguirlo y salir medio indemnes, para nosotros comenzó la segunda fase: decidir si apellidábamos a nuestro hijo según la legislación alemana (un solo apellido, por lo general el del padre), o la española (dos apellidos, el primero del padre y de la madre). Nos decantamos por esta segunda opción, cruzando los dedos para que no se nos atragantara la proverbial cuadratura de la cabeza germana, tan magnificada en los entes que se dicen trabajadores del funcionariado alemán.

Para nuestra sorpresa y alivio, nadie nos puso la menor pega: el niño podía llevar tanto mi primer apellido como el de su madre, faltaría más. A ver, usted, Herr García, documento de identidad y terminamos. Sí, cómo no, ahí tiene mi pasaporte. Wunderbar, pues nada, que tengan ustedes buen día. Y usted que lo disfrute.

Hasta que tras unas cuarenta y ocho horas aproximadas de incubación, saltó la fiebre del virus administrativo en forma de llamada telefónica, ejecutada por una amable señorita que nada más quería informarme de que mi hijo al final no iba a constar como García en su fe de nacimiento, no qué va, sino como ¡tachán! Garcia. Sí, eso, sin tilde. ¿Pero por qué? Pues porque ése es el apellido que consta en su pasaporte, GARCIA. Ah, bueno, pero eso es porque... Que nos da igual, llamaba nada más que para avisar, eso es todo. Vale, pero es que yo no me llamo Garcia, sino García... ¿Tiene algún documento de identificación que lo atestigüe? No voy a tener, pues claro, a ver el DNI... erm, no, nada... el carné de conducir... jopelines, pues tampoco, en todas partes aparece García en mayúsculas y sin tilde que valga. Na gut, pues ya sabe, con Garcia se queda su Kind.

Esa fatídica llamada de teléfono fue la primera en una serie de ellas que, como tambaleantes fichas de dominó, empezaron a repicar lúgubremente a lo largo de varios días entre nuestra residencia y diversas entidades gubernamentales a ambos lados de Francia. Al final se me dio una última opción para salvar la integridad ortográfica del apellido de mi hijo: presentar mi certificado de nacimiento y demostrar que en él consto como García y no como Garcia. Tampoco era ése el caso, pero el más que amable juez de paz del ayuntamiento de Sodupe, en la Vizcaya que me vio nacer, con quien tuve el gusto de hablar por teléfono cuando aquí ya se habían lavado las manos hasta en el consulado español de Stuttgart, accedió a redactarme un nuevo certificado de nacimiento, con una tilde bien grandota encima de la I.

A los alemanes no les gustó: parece que se le ha ido la mano y la tilde lo mismo podría valer para la I que para la A. Queremos otro, todo en mayúsculas y mecanografiado para que no haya dudas. Llegados a este punto empezaron a crecerse demasiado e incluso dejaron caer como que querían que me sacara un nuevo pasaporte, con tilde cómo no, pero ahí ya tuve que ponerme un poco borde y apelar a su sentido común, bitte. En fin, gracias nuevamente al heroico y sufrido juez de paz de Sodupe (al que espero poder estrechar la mano y dar un abrazo personalmente algún día), unos días después llegó mi certificado de nacimiento (GARCÍA) y hasta ahora. Dentro de una semana será el tercer cumplemés de mi hijo, y todavía estamos esperando a que llegue su certificado de nacimiento correctamente redactado. Pero llegará tarde o temprano, en ese sentido estoy tranquilo.

Gracias a esta pequeña odisea onomástica personal he tenido tiempo de reflexionar e investigar por qué demonios no se tildan los nombres y apellidos en los documentos de identidad españoles (aparte de para procurarnos innecesarios quebraderos de cabeza en el extranjero). Ninguna de las excusas es ni por asomo válida en estos tiempos tan modernos de un ordenador en cada pupitre y reformas educativas punto cero. Incluso está empezando a cambiar la situación y algunas comunidades autónomas quieren proporcionar ya el DNI con todas sus tildes. Pero sinceramente, lectores, un minuto de vuestro tiempo: abrid la cartera y echadle un vistazo al carné. ¿Veis la tilde que le correspondería a García? ¿A López? ¿A Fernández? ¿A Solís?

Alguna vez espero que el ministro o ministra de cultura o culturo de turno o turna le dedique también siquiera un minuto de su tiempo a esta minucia tan sin importancia, tan chascarrillosa ella, oye. Mientras tanto, me pregunto cuántos García hay en Alemania y la respuesta es... no sé. ¿+/- 1?

2 comentarios:

  1. Pues ahora que me fijo, en el carné no viene ni una sola tilde, ni en los nombres ni en ninguna otra palabra.

    Menos mal que solo te ha tocado lidiar con una tilde y no con una ñ.

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  2. Yo soy JESUS MARIA ABASCAL PEREZ. Tres tildes me debe el Estado Espannol. (ahora no les pongo yo la ñ, ale).

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