jueves, 23 de abril de 2009

House of Leaves, o El traductor que la traduzca...



A finales de 2007 tuve la suerte de poder asistir a la presentación de Das Haus, la versión alemana de la mítica novela House of leaves, de Mark Z. Danielewski. No sé si sería por el catarro que arrastraba después de andar de gira por toda Alemania en pleno invierno o qué, pero me gustó su voz, la ronquera le prestaba presencia a sus palabras.



La señora que está sentada junto a él, ora haciendo de intérprete, ora leyendo extractos de la novela a su vez, es precisamente su traductora al alemán, Christa Schünke. Nos contó la mujer durante la distendida rueda de ruegos y preguntas que había tardado algo más de un año en terminar la traducción. La editorial que se la encargó le había dado un adelanto de 5.000 euros, previendo que no iba a ventilársela en un abrir y cerrar de ojos, pero aun así terminó teniendo que solicitar un préstamo al banco para ir tirando hasta rematar el encargo y cobrar el resto de lo pactado.

Frau Schünke no quiso entrar en detalles sobre el monto total, pero yo apostaría a que salió perdiendo dinero... no por nada, pero la buena mujer es que me dio la impresión de ser un auténtico "Pechvogel", que dicen por aquí, un gafe de tomo y lomo. Con decir que durante la sesión de firmas alguien se llevó, por error o quién sabe, su ejemplar de House of leaves, el original sobre el que había trabajado durante esos doce meses y que la había acompañado en su tour de presentación igual que ella acompañaba a Danielewski, trufado de post-its y notas al margen, sin olvidarse de la cariñosa dedicatoria del autor. Se la veía bastante afectada cuando se dio cuenta de su falta, la verdad.




Mientras me firmaba mis ejemplares (el original en inglés que había llevado conmigo y uno en alemán que compré para mi mujer, aprovechando las circunstancias), le pregunté a Danielewski si no sabía de ninguna editorial española que quisiera publicar su libro. Sí, respondió, alguna se había puesto en contacto con él, pero no había recibido ninguna oferta "seria". Al término de la ronda de firmas, cuando ya sólo quedaban cuatro gatos en la sala (el autor, la traductora gafada, servidor, un amigo y un grupito de groupies que por lo visto llevaban siguiendo al escritor por toda su gira alemana (!)), volvimos sobre el tema y me pasó la dirección de correo electrónico de su agente literario, por si alguno de los editores con los que colaboro habitualmente se animaba a pegarle un toque.

Ahora, dieciocho meses después de aquella conversación, House of leaves sigue sin estar publicada en español, pero circulan rumores de que alguien podría estar a punto de sacarla a la venta: Salamandra, Mondadori, La Factoría... Es mi ferviente deseo que estos rumores sean infundados, porque si alguna vez alguien traduce House of leaves al español ese alguien me gustaría, sería un sueño hecho realidad, ser yo.

Aunque eso signifique perder dinero y cargar con el gafe del Diario de Navidson para los restos.

The Stone Gods, de Jeanette Winterson


Seguro que algún fan se llevará las manos a la cabeza al leer esto, pero debo reconocer que la veterana escritora británica Jeanette Winterson era una desconocida para mí cuando cayó esta novela en mis manos en septiembre del año pasado, como inesperado regalo de cumpleaños. Mi mujer, que me conoce, me la dejó en las manos más o menos con estas palabras: "Aunque no lo parezca, es de ciencia-ficción, y al parecer es de las buenas." El siguiente paso lógico fue recabar información sobre esta "desconocida", que está bien tener lagunas, pero mejor aún está el subsanarlas: Nada menos que una decena de títulos en su haber, más libros de ensayo, cuentos infantiles, cómics... y gran parte de su producción traducida en España, además, incluida la novela que nos ocupa bajo el título de Planeta azul, editada por Lumen.

Mi investigación reveló que Winterson en realidad tampoco era tan desconocida para mí: ya había leído un relato suyo hace años, incluido en la más que comprensiblemente olvidable recopilación Los nuevos góticos. Y otro detalle, puede que The stone gods fuera ciencia-ficción, pero su autora tenía otra opinión:

What do you think about novelists and science?
I hate science fiction. But good writers about science, such as Jim Crace or Margaret Atwood, are great. They take on science because it’s crucial to our world, and they use language to give energy to ideas. But others just borrow from science and it ends up like the emperor’s new clothes, with no understanding of the material. But you shouldn’t fake it because science is too important, it’s the basis for our lives. I expect a lot more science in fiction because science is so rich. I certainly learn from my books as I go along.

New Scientist, 25 de agosto de 2007


En otras entrevistas Winterson parece cambiar el paso y afirma que no es que no le guste la ciencia-ficción, sino que lo que no le gustan son las etiquetas de ningún tipo. En fin, a mí qué más me da. Que le dé la réplica alguien más cualificado, no sé... Ursula K. LeGuin, por ejemplo:

It's odd to find characters in a science-fiction novel repeatedly announcing that they hate science fiction. I can only suppose that Jeanette Winterson is trying to keep her credits as a "literary" writer even as she openly commits genre. Surely she's noticed that everybody is writing science fiction now? Formerly deep-dyed realists are producing novels so full of the tropes and fixtures and plotlines of science fiction that only the snarling tricephalic dogs who guard the Canon of Literature can tell the difference. I certainly can't. Why bother? I am bothered, though, by the curious ingratitude of authors who exploit a common fund of imagery while pretending to have nothing to do with the fellow-authors who created it and left it open to all who want to use it. A little return generosity would hardly come amiss.

http://www.guardian.co.uk/books/2007/sep/22/sciencefictionfantasyandhorror.fiction


Subjetivismos de la autora al margen, lo cierto es que The stone gods no sólo es ciencia-ficción, sino que además lo es de la buena. Como La carretera, como Nunca me abandones, como La conjura contra América y tantas otras novelas que "son pero no son", en un rentable doble salto mortal que fascina por igual a lectores propios y extraños del género. Aunque el libro de Winterson parece haber pasado con más pena que gloria por las librerías y los foros online habituales, a diferencia de los ejemplos antes mencionados. Jeanette Winterson, casi tan discreta como David Mitchell, con quien se diría que compartió clases de estilo para escritores de literatura fantástica, preveo que está abocada a ver cómo el impacto de su obra se diluye entre el desinterés generalizado de la fan-base por casi cualquier novedad que no sea una reedición de Asimov y la indiferencia habitual del grueso de la población lectora total de España.

The stone gods es, a grandes ragos, una historia de viajes en el tiempo y realidades alternativas protagonizada por dos personajes destinados a encontrarse una y otra vez con distintos cuerpos pero el mismo nombre, Billie y Spike. Con la poco sutil campanilla del apellido de Billie (Crusoe), Winterson avisa al lector desde el principio de lo que piensa hacer con él/ella, a saber, vararlo en una isla ora literal, como en la subtrama ambientada en una Isla de Pascua que podría ser o haber sido, ora metafórica, como el mundo post-apocalíptico a lo Terminator donde se cierra la novela.



También hay denuncia en The stone gods, y mucha: contra el maltrato al que estamos sometiendo a nuestro planeta (el pistoletazo de salida del libro es el descubrimiento de un nuevo mundo, el planeta azul que da título a la versión española, por parte de una humanidad que ya empieza a quedarse sin dónde vivir), contra los roles sexuales, contra el embotamiento de las modas y el conformismo, contra la insatisfacción de vivir pendientes de la satisfacción de los demás...

Spike, you're a robot, but why are you such a drop-dead gorgeous robot? I mean, is it necessary to be the most sophisticated machine ever built and to look like a movie star?

She anwers simply: 'They thougth I would be good for the boys on the mission.'

I am pondering the implications of this. Like a wartime pin-up? Like a live anti-depressant? Like truth is beauty, beauty truth? 'How good? I mean, I'm assuming you're not talking sexual services here.'

'What else is there to do in space for three years?'

'But inter-species sex is illegal.'

'Not on another planet it isn't. Not in space it isn't.'

'But you were also the most advanced member of the crew.'

'I'm still a woman.'

A la prosa ágil y poética que trufa cada una de sus páginas hay que añadir también delicadas notas de humor, como cuando Billie Crusoe se encuentra un libro olvidado en el metro. ¿Su título? The stone gods. "Va de un mundo que se repite", explica cuando le preguntan de qué trata. La involuntaria guinda del pastel de esta broma privada viene cuando uno de los empleados de la editorial inglesa de Winterson se dejó olvidado el manuscrito de The stone gods en una estación de metro de Londres, para regocijo de una fan de la autora que no dudó en ponerse en contacto con la descuidada agencia para devolverles el libro... no sin antes avisar a los periódicos para airear su hallazgo, supongo, de lo contrario no me explico cómo pudo llegar a hacerse pública esta tremebunda metedura de pata. Más información sobre esta anécdota, aquí.

Por su valor literario, por su mezcla de estilo desenfadado y crítico a la vez, y por su meritorio ejercicio de autocontención (mi ejemplar de Penguin no llega a las 250 páginas) cuando perfectamente podría haberse enrollado como una persiana en vez de colocar el punto y final donde lo hace, acertando así a la hora de seducir sin aburrir en ningún momento al lector, considero The stone gods una de las mejores novelas que tuve ocasión de leer el año pasado, y no me refiero sólo a obras de género. ¿Qué más se le podría pedir a un inesperado regalo de cumpleaños?

martes, 21 de abril de 2009

Ben X, de Nic Balthazar

"El valor lo es todo", con esa cita concluye el tráiler que podéis ver a continuación, perteneciente a la cinta belga Ben X. Esas palabras bastaron para sembrar en mi mente el germen de una idea aproximada sobre la temática de la película... idea que, como descubrí a la postre, no podría haber ido más desencaminada.





Que las apariencias engañan no es nada nuevo, y que en la mayoría de los casos lo hacen para mal tampoco. En este caso me dejé engañar por las apariencias, lo reconozco, pero tuve la suerte de que la sorpresa fuera agradablemente positiva.

Me esperaba una película quizá sobre la adicción que generan los juegos de rol online, quizá sobre las consecuencias de ser un moderno Quijote adolescente en el mundo moderno, quizá mitad comedia, mitad aventura al estilo de El corazón del guerrero... Procuro evitar en la medida de lo posible los comentarios vertidos en Internet sobre aquellas películas que me propongo ver tarde o temprano, para no chafarme precisamente este tipo de sorpresas (desaconsejo entretenerse con los comentarios al tráiler antes expuesto dejados en Youtube, por cierto, que los spoilers los carga el diablo), de modo que lo que no me esperaba de ninguna manera era una historia sobre el autismo, las dificultades que comporta para quien lo padece y los de sus entorno, y la respuesta generalizada de la sociedad ante esta enfermedad.

El Síndrome de Asperger parece estar de moda, a veces teñido de humor (me viene a la cabeza el neurótico Sheldon de la descacharrante serie The Big Bang Theory), a veces de savantismo imposible (léase El curioso incidente del perro a medianoche, de Mark Haddon)... Si la memoria no me falla, yo diría que el primer autista ficticio con el que me encontré fue el hijo de Charles Xavier, en los tebeos de la Patrulla X, hace ya unos cuantos quinquenios. La realidad del autismo es bastante menos risueña de lo que se nos suele dar a entender en estos ejemplos, me temo, y esta cruda realidad es precisamente a la que se apega Nic Balthazar para trasmitirnos la experiencia de su protagonista, Ben, "Ben X" en el MMORPG donde juega libre de las ataduras a las que lo somete su autismo en el mundo real.

Película dura y tierna, esta Ben X, pero sin estridencias. Sobrias interpretaciones, creíbles. Y un final... bueno, no seré yo ahora el que incurra en spoilers innecesarios. Recomendable.

lunes, 20 de abril de 2009

Demonio de libro, de Clive Barker

Aprovechando la próxima aparición en español de Mr. B. Gone, lo nuevo de Clive Barker, rescato la reseña que escribí en su día para la difunta página C, el hijo de Cyberdark.

Jakabok Botch, el Mr. B. que da título al regreso de Clive Barker a la ficción para adultos tras años de dedicación casi exclusiva –literariamente hablando, al menos– a la serie de Abarat, es un demonio venido a menos, literalmente un pobre diablo nacido en los arrabales del círculo más modesto del infierno, hijo único y malquerido de una diablesa con escasas aptitudes maternales y Gatmuss, un demonio con muy malas pulgas y peores sentimientos hacia su unigénito. Privado de poderes extraordinarios debido a lo diluido de su linaje en relación con los primeros pobladores del averno, Lucifer y su cohorte de primeros ángeles caídos, abucheado y maltratado por los demás diablillos de su edad, ignorante de lo que es el afecto de una familia, el pequeño Jakabok sólo encuentra refugio del mundo cruel en que le ha tocado vivir en las letras; y no en la lectura, puesto que Pappy Gatmuss no ve con buenos ojos que haya libros bajo su techo, sino en la escritura.

¿Que qué escribe el pequeño y desdichado Jakabok? Pues todo tipo de torturas y truculencias, de las que su acomplejada mente está repleta, historias de sufrimientos y muertes dolorosas con un único protagonista: su padre. Lástima que Pappy Gatmuss descubra sus imaginativos escritos; y lástima también que, como cabría esperar en alguien de su carácter, decida acabar con ellos expeditiva y espectacularmente, con una gran hoguera. Lástima, por último, que un «accidente» tuviera que dar con su retoño de bruces en las llamas, convirtiera al joven Jakabok en una deforme colección de cicatrices supurantes y desencadenara su fuga del hogar de los Botch. Lástima para el diablillo, en fin, y suerte para nosotros, pues este hecho es el que motiva a Jakabok a fugarse de casa, en lo que es el primer paso hacia una serie de peripecias que nos irán descubriendo qué clase de ser es realmente este desfigurado Mr. B.

Lo que sigue a partir de aquí es una sucesión de encuentros y desventuras como tantas otras de las que pueblan ya la historia de la literatura, desde El Quijote hasta la trilogía de Lyonesse –es muy posible que el lector, como fue mi caso, se descubra pensando más de una vez en las novelas de Jack Vance mientras pasa las hojas de Mister. B. Gone–. Jakabok llega a adoptar incluso un papel algo «sanchopancesco» tras encontrarse en una de sus correrías con su hidalgo particular, el engreído y poderoso Quitoon, demonio de estirpe más noble que la de Mr. B. y, por consiguiente, capaz de realizar proezas esotéricas tales como volar o escupir fuego.

Peripecia tras peripecia y correría tras correría, los años se suceden para la extravagante y sádica pareja, que terminará disolviéndose poco amistosamente por desavenencias personales en el siglo XIV, al borde de una fecha y un lugar que habrán de cambiar la Historia de la humanidad, el Cielo y el Infierno para siempre. Tan venturoso suceso no es otro que la invención de la imprenta moderna por parte del alemán Johannes Gutenberg. Quienes sientan algún interés por la historia quizá estén ya al corriente de las circunstancias que llevaron a Gutenberg a diseñar su máquina: ni más ni menos que una puesta con otros colegas de su gremio por ver quién era capaz de producir más copias de un mismo libro en menos tiempo. Sabiendo que el libro en cuestión no era otro que la Biblia, la inclusión de este personaje histórico real en la ficticia biografía del demoníaco Mr. B. cobra sentido, sobre todo con la aparición hacia el final de la novela de un arzobispo de sospechosas apetencias carnales y sendas huestes celestiales e infernales que batallan encarnizadamente, para pasmo y pavor de las humildes gentes de Maguncia.

 Adolece el final de Mister B. Gone de un pecado imperdonable en un autor de la categoría de Clive Barker, su previsibilidad. Desde la primera hasta la última página de la novela, su Jakabok Botch intenta derribar la cuarta pared que lo separa del lector apelando al sentido común de éste, exhortándolo a quemar el libro que tiene entre manos. Si bien la idea en sí no tiene nada de malo, las reiteradas interrupciones dificultan la inmersión en la lectura, sobre todo tratándose de una obra tan poco voluminosa, dificultan la suspensión de la incredulidad y, por si esto fuera poco, desembocan en el ya mencionado decepcionante e insulso final sin hacer las paces con el sufrido lector, que bastante está teniendo con masticar una historia tan insípida como para encima tener que aguantar las impertinencias de un protagonista que pierde carisma con cada hoja que se pasa.

Me preguntaba a qué podía venir este libro en la bibliografía de Clive Barker, hasta que un rápido vistazo a su lista de novelas publicadas me mostró que Mister B. Gone coincide en el tiempo con un paréntesis de cuatro años entre las partes cuarta y quinta de su popular serie juvenil, Abarat. Cuatro años es mucho tiempo, y si bien Barker no es tan prolífico como otros acaparadores de best-sellers, tampoco es uno de esos escritores capaces de esperar a la musa papando moscas mientras se desgranan los quinquenios.

Uno se imagina fácilmente a los editores del señor Barker, preocupados por que su gallina sólo vaya a poner dos huevos de oro en toda la primera década del siglo XXI, preguntándole todo sonrisas, frentes perladas de sudor y estrujar de manos que si por favor no podría sacarse algún título de la manga entremedias para que sus lectores no se olviden de él. Y el señor Barker, al que sólo le hace falta una pizca de talento para pergeñar una novelita de poco más de doscientas páginas con letra generosa, accede encantado y escribe Mister B. Gone casi con los ojos cerrados… o sin el casi, habida cuenta de la exagerada cantidad de errores gramaticales, deslices ortográficos, fallos de concordancia, etc., que plagan el texto.

No descubriré la sopa de ajo si digo que la carrera de cualquier artista es un sube y baja constante de aciertos y desatinos, que uno pone el listón a la altura que le parece y luego su creatividad y su imaginación saltan por encima o pasan por debajo según les viene en gana. Gajes del oficio. Tan sólo espero que este Mister B. Gone marque un punto de inflexión, que sea un mero bache pasajero y no el comienzo del declive de la carrera literaria de un Clive Barker muy alejado del esplendor de sus comienzos.

Reseña publicada originalmente en C, el hijo de Cyberdark, el 22 de diciembre de 2008.

Lo bueno es el enemigo de lo mejor

Esta bitácora nace principalmente por dos motivos:

El primero es una respuesta natural a la necesidad de mantener el contacto con familiares y amigos, residentes en su mayoría a unos 2.000 km de distancia, en España. Llega un momento en que el correo electrónico sencillamente se queda corto.

El segundo, y que justifica en parte el encabezamiento de ésta mi primera entrada en ésta vuestra bitácora, está más relacionado con una de mis grandes pasiones, la lectura. A lo tonto, a lo tonto, son ya varios años los que llevo escribiendo reseñas de libros en distintos medios, fundamentalmente de obras de temática fantástica en versión original. Esto es bueno… pero quizá lo mejor sería, me dije, disponer de un espacio donde poder publicar mis reseñas sin los límites de tema o formato inevitables cuando se marinero antes que capitán.

Espero que todo el que llegue a esta página encuentre algo que le anime a quedarse, siquiera para leer unas líneas. Y a mí que me acompañe la inspiración.

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