jueves, 17 de septiembre de 2009

Black Man / Thirteen, de Richard Morgan


Me gustaría comenzar esta reseña quitando rápidamente dos piedritas del camino: 1) Sí, la novela tiene dos títulos, el original y el gilipolíticamente correcto, impuesto por los adalides del eufemismo como absurdo estandarte de la pacífica coexistencia entre etnias, géneros y números. Uno denomina a la novela en los Estados Unidos y el otro lo hace en el resto del mundo: no cuesta adivinar cuál es cuál. Y 2) Sí, Richard Morgan sigue siendo una de las estrellas más fulgurantes del panorama de la ciencia-ficción anglosajona, el autor a seguir para quienes disfruten de las elucubraciones socio-políticas más crudas pero no quieran renunciar a su dosis de acción. Si -inexplicablemente- no te gustaron Carbono alterado (Minotauro, 2005) ni Leyes de mercado (Gigamesh, 2006), es probable que no te guste Black Man... y que debas replantearte tus gustos.

Pero tampoco se trata de lanzar ditirambos al aire sin ton ni son. Veamos qué nos ofrece Morgan en Black Man, y que cada cual juzgue si le interesa adentrarse en sus páginas.

Nos encontramos ante una trepidante novela que bebe de distintas fuentes propias del género para componer una equilibrada mezcla de techno-punk noir, sensual y sexual cuando lo requiere el guión, violenta y reflexiva a partes iguales. No en vano el título hace referencia a un tipo de subhumanos manipulados genéticamente para desempeñar aquellas tareas que al hombre metrosexual del presente de la novela le resulten ingratas (básicamente todas las relacionadas con la secreción de testosterona). El protagonista de Black Man, Carl Marsalis, es un antiguo soldado manipulado genéticamente, un Trece al servicio de la ONU que se dedica a cazar machos alfa descontrolados en un mundo que, tras decidir que es mejor resolver los conflictos por la vía del diálogo que por la de las armas, ya no tiene necesidad de ellos.

Con el excedente de Treces convenientemente exiliados en Marte, los gobiernos de esta Tierra futura se dedican a continuar con sus trapicheos habituales armados de falsas buenas palabras y aún más falsas sonrisas, pero el almohadón de plumas les estalla en la cara cuando comienzan a sucederse una serie de brutales asesinatos, empezando por los ocurridos en el transbordador espacial donde nos sitúan las primeras páginas de la novela, escenario de una situación a lo octavo pasajero hormonado que es toda una declaración de intenciones por parte de Morgan. Puesto que nada mejor que el fuego para combatir el fuego, Marsalis recibe el encargo de dar caza a este Trece renegado y comienza la caza, tanto del misterioso asesino como de la verdad sobre lo ocurrido realmente con los últimos soldados del mundo.

America split up over a vision of what strength is. Male power versus female negotiation. Force versus knowledge, dominance versus tolerance, simple versus complex. Faith and Flag and patriotic Song stacked up against the New Math, which, let's face it, no-one outside of quantum specialists really understand, Co-operation Theory and the New International Order. And, until Project Lawman came along, every factor on the table is pointing towards a future so feminised it's downright un-American.

La pega más fácil que se le puede poner a Black Man es que, si bien el análisis sociocultural está ahí, si bien las críticas a la hipocresía inherente al acto de gobernar están ahí, si bien el reflejo de siglos de desigualdad entre hombres y mujeres está ahí... lo que nos lleva a devorar una página tras otra, en última instancia, no es nada de eso, sino las explosiones, las persecuciones, los hombros dislocados y los ojos a la virulé. Se puede entender así la novela, no digo que no, como mera concatenación de frases lapidarias, peleas de saloon y ocasionales polvetes rápidos. Pero sería una pena darle la espalda al meditado escenario global diseñado por Morgan, a su preocupación por las consecuencias de la modificación genética, o a su abordaje sin tapujos, con la hoja del cuchillo bien apretada entre los dietes, de dilemas filosóficos y morales que estamos acostumbrados a ver tratados con guantes de terciopelo.

Recomendable Black Man, en definitiva, tanto para quienes ya cuenten a Richard Morgan entre sus autores favoritos, pues los rasgos característicos de su estilo se encuentran aquí condensados y aumentados, como para quienes deseen adentrarse en la obra de uno de los autores británicos contemporáneos que más tiene que decir y más está dando que hablar en el campo de la ficción especulativa.

lunes, 14 de septiembre de 2009

Ego

He escrito poca, poquísima poesía a lo largo de mi vida, y de la poca escrita, afortunadamente, aún menos se ha publicado. Existe un poema, sin embargo, que me gusta aunque lleve mi firma y todo.

Se trata de A Ego (el planeta viviente), inspirado por una canción de Monster Magnet, inspirada a su vez en el personaje de Marvel. Sus estrofas llegaron a publicarse en el número 6 de Alfa Eridani, e incluso se leyeron de viva voz y vacilante dicción en un programa de radio online de cuyo nombre me gustaría acordarme.

Como para algo tienen que servir los blogs, ¿verdad?, pues como que me voy a permitir este pecadillo de Ego y nostalgia, ea.


A Ego (el planeta viviente)


En el escandaloso silencio del cosmos sin amor

ni consuelo realiza Ego su busca;

arden las supernovas en la noche,

estallan soles y mundos sin reposo.

¿Cuándo se hará realidad su añorado sueño

de encontrar una suculenta esfera de tierra?


Inasequible al desamparo del sueño,

indistinguible el día de la noche,

erradicados los sinónimos del amor.

Sin saber a qué aspira ni lo que busca,

simiente de destrucción en reposo

que sentencia a muerte a la Tierra.


Se diría concluida su busca;

se creería cumplido su sueño.

¿Hallará al fin el reposo

que escapa a los confines de la noche?

¡He ahí una nueva tierra

que proyecta su atmósfera con amor!


Verde agua, verde aire y verde tierra,

un sol dorado que vela en reposo

de su frígida luna el sueño.

Distingue, Ego, el hambre del amor;

Compara, registra, sondea y busca

el tuétano de magma en la noche.


Hágase realidad tu sueño

y comienza a desprender con amor

las capas de somnolencia y reposo

que adormecen la noche.

Medio mundo vela y busca

la salida de su trampa de tierra.


Amarillo sol, argéntea luna y verde Tierra,

¿cuándo se tornó pesadilla tu sueño?

¿Cuándo se truncó tu idílico reposo

en la cuna acolchada de la noche?

Ha tocado a su fin mi busca,

sabed que la guadaña se cierne con amor.


Así crujen las entrañas de la Tierra en la noche,

masticadas sin reposo por un desmesurado Ego

que sólo busca seguir su camino y perpetuar su sueño.

sábado, 12 de septiembre de 2009

Leer gratis

Incluso a una bitácora tan joven y modesta como esta vuestra casa llegan rebotados muchos navegantes que buscan el título X para descargar, el título X gratis, el título X en PDF... Dicho "título X", la mayoría de las veces, no denomina ninguna obra descatalogada o difícil de encontrar en las tiendas por cualquier otro motivo, sino que el navegante explorador podría hacerse fácilmente con ella por la vía rápida: saliendo a la calle o sentándose frente al ordenador y entrando en su tienda física o virtual favorita. Ergo: pagando. Ergo: no mola.

La recomendación que sigue a continuación viene de alguien que todavía no tiene e-book que valga, pero que si lo tuviera sabría exactamente por dónde le gustaría empezar a devorar la memoria del cacharrito. (También viene de alguien que opina que esto ya debería ser más que archisabido por el grueso de la población lectora, pero a quien la experiencia le sugiere que si hasta el mueble más básico del catálogo de IKEA viene con su correspondiente manual de instrucciones, por algo será.)

En primer lugar, antes de entrar en harina y empezar a hablar de obras completas, me gustaría realizar una observación que quizá a muchos les resulte obvia: prácticamente todas las editoriales tienen su propia página web, y en prácticamente todas estas páginas web se pueden descargar unas páginas de avance (incluso varios capítulos, en algunos casos) de los títulos que componen su catálogo. Sin ánimo de intentar regalarle publicidad encubierta a nadie, baste decir que recomiendo visitar los portales oficiales de nuestras editoriales favoritas y echarles un vistazo a esas páginas o capítulos de avance; a más de uno le pueden evitar compras de ésas que consiguen que uno se arrepienta más tarde de haber aflojado la mosca.

Cuando uno acumula ya cierto número de lecturas a sus espaldas, es inevitable que desarrolle su propio criterio y cierta predilección por algunos autores en especial. También ahí estamos de suerte: muchos escritores gustan de tener su página web personal (o a muchos agentes literarios les gusta que sus escritores las tengan), donde en términos más o menos personales exhiben su obra y, en la inmensa mayoría de los casos, ponen parte o la totalidad de sus textos a disposición del navegante. Sin ánimo de elaborar una lista exhaustiva:

Paolo Bacigalupi: Descubrí a este joven autor gracias a su relato The People of Sand and Slag, incluido en la antología Wastelands: Stories of the Apocalypse, el cual me gustó lo suficiente para molestarme en buscar más cosas suyas. Entre ese momento y el presente, Bacigalupi ha sacado a la venta su primera incursión en las distancias largas, The Windup Girl. Ahora, curioso por catar su debut novelesco, sólo tengo que visitar la página de su editor, Nightshade Books, y descargarme el PDF de Windup Stories, el cual incluye dos historias ambientadas en el mundo de The Windup Girl. Lo cual recomiendo, por cierto; me da, y ojalá no me equivoque, que Bacigalupi dará que hablar entre la afición española en cuanto algún editor avispado se anime a desembarcarlo en nuestras costas.

Hablando de Nightshade Books, ya que estamos en su página, ¿por qué no descargarnos de forma legal y totalmente gratis Exhalation, la nueva joya en la corona de Ted Chiang, o un adelanto de Incandesce, lo último del genial Greg Egan? Y así con prácticamente todos los escritores que nos gusten o sobre los que nos gustaría saber algo más, más fácil imposible.

También podemos quedarnos dentro de nuestras fronteras, cómo no: dentro del género, uno de los escritores más prolíficos y dadivosos con su obra es Santiago Eximeno. No es sólo que puedan encontrarse relatos suyos en prácticamente todas las páginas webs dedicadas en mayor o menor medida a la literatura de género, sino que incluso su novela Asura está ahora a un clic de distancia, enterita, cortesía de AJEC.

¿Que hemos oído hablar de La última noche de Hipatia, lo nuevo de Eduardo Vaquerizo, pero no estamos seguros de si estará a la altura de la trepidante Danza de tinieblas? Pues nada, otro clic y solucionado el misterio.

Podría seguir desgranando nombres, pero creo que ya nos vamos haciendo una idea de cómo funciona esto de "leer gratis". Tan sólo añadir, antes de terminar, las direcciones de dos páginas que visito con asiduidad cuando el cuerpo me pide leer en la pantalla relatos y aventuras por placer, y no por negocios: El resto es silencio, portal en español donde se recogen cuentos de firmas tan destacadas como César Mallorquí, Elia Barceló o Juan Miguel Aguilera, por citar sólo unos pocos; y Suvudu, página en inglés donde periódicamente se liberan apetitosas novelas completas de escritores de renombre. La última: Perdido Street Station, de China Miéville.

viernes, 4 de septiembre de 2009

XXIII Fantasy Filmfest 2009


Por primera vez en un lustro, desde que llegué a Stuttgart, me veo obligado a faltar a mi cita anual con el FFF, el festival de cine fantástico que recorre Alemania de norte a sur como un mini-Sitges itinerante, presentando en primicia para el gran público algunas de las cintas que más darán que hablar en los próximos meses. Tras el doblete del año pasado, cuando quiso el azar que pudiera asistir a la inauguración del festival en Berlín, en agosto, y volviera a disfrutar de él un mes después, ya en casa.

Este año habría ido a ver a tiro fijo al menos tres películas del monumental programa:





Carriers


La moda de los infectados empieza a oler a polilla, pero esta película de los españoles hermanos Álex y David Pastor, elegida para inaugurar el festival, me da buenas vibraciones.

Sinopsis: En CARRIERS, una mortífera enfermedad desfiguradora ha estado a punto de exterminar a la humanidad. Cuatro jóvenes esperan salvarse del apocalipsis... fingiendo que no existe y ateniéndose a un puñado de normas básicas, p.ej.: "No sientas compasión por los enfermos, morirán de todas formas." Pronto habrán de enfrentarse a un mundo deshumanizado frente a tanta muerte y miseria. En contadas ocasiones se ha visto una combinación de géneros tan eficaz hasta sus últimas y escalofriantes consecuencias. Mitad ciencia-ficción distópica, mitad psicothriller de los que te dejan al filo de la butaca.

District 9

Este repaso al tema del Apartheid en clave Expediente-X no se lo va a perder nadie, yo creo, y no sólo porque el nombre de su productor, Peter Jackson, se baste por sí solo para llenar las salas de cine.


Sinopsis: Este texto ha sido redactado por humanos, no os créais ni una palabra. Nos tienen encerrados y nos tratan como si fuéramos seres inferiores. Sin embargo, somos muy superiores a los terrícolas. Por favor, ayudadnos a escapar... ¡no lo lamentaréis!

Bathory

Basada en la vida de la condesa Erzsébet Báthory, la contrapartida femenina de Vlad Dracul, y por tanto de visionado obligado... a pesar de lo cutrecillo que les ha quedado el tráiler.


Sinopsis: Juraj Jakubisko se propone contar la verdad sobre la supuesta asesina en serie más infame de Europa, a quien se le atribuyen los asesinatos de 600 vírgenes en el siglo XVII. Su película, el fiel retrato de una mujer que lucha por sobrevivir en un entorno hostil, continúa la tradición de dramas históricos tan épicos como CLEOPATRA o EL DOCTOR ZHIVAGO.

Del resto de los 70 títulos que componen esta vigesimotercera edición del festival (bastante menos trufada de ultragore asiático que en anteriores ocasiones) me llaman también la atención Doghouse, Largo Winch, Thirst, Bronson, y Moon, a ver cuándo (y cómo) consigo echármelas a los ojos.

martes, 1 de septiembre de 2009

La llave del abismo, de José Carlos Somoza


Llegó La llave del abismo a mis manos en un momento que, como lector, necesitaba reconciliarme con uno de mis escritores favoritos tras muchos años de alegrías que empezaban a empañarse con el regusto amargo de lo último que había leído de él, Zig Zag y Fantasmas de papel, insulso thriller al que no logran dar el punto justo de sabor ni siquiera las sabias pizcas de terror sobrenatural que tan bien suele prodigar Somoza, el primero; y demencial revoltijo de cuentos muy alejados de la dosificación de la acción y las tramas de relojería características de novelas como Silencio de Blanca, Clara y la penumbra (alardes ambas del dominio del fondo narrativo), o La dama número trece (alarde del dominio de la forma), el segundo.

Por un momento pensé que la reconciliación sería posible, pero ahora no estoy tan seguro.

Como principal aliciente de La llave del abismo encuentro el desmelene creativo que le imprime Somoza a la ambientación, una delicia para los amantes del cyberpunk, Lovecraft y el pulp; un desmelene del que se desprende inequívocamente que el autor está dándole rienda suelta a unas cuantas filias que se revolvían inquietas en la jaula de sus ideas, y pasándoselo pipa en el intento. Por desgracia, a la larga esto termina convirtiéndose también en el lastre más pesado de la novela, un espectáculo de pirotecnia tan personal y elaborado que puede acabar por eclipsar el trasfondo metafórico del libro y dejar al lector más aturdido que asombrado, preguntándose qué será eso tan importante que se está celebrando con tanto cohete.

De las varias lecturas a las que se presta la obra, son dos las que parecen llevarse la palma entre las varias críticas que circulan por la Red: una sería su tono antiterrorista, insinuado en las primeras páginas, con el viajero de metro suicida cuyas palabras bisbiseadas antes de morir habrán de cambiar la vida de Daniel Kean, protagonista principal de la novela; y otra sería su ya más palpable crítica al fanatismo religioso, representado en la búsqueda y en la génesis de la "llave" que da título al libro. Para mi gusto, estos rasgos y alguno más (la definición de qué nos hace humanos, por ejemplo, o el tratamiento de la locura como catalizador de otros estados del ser más elevados, la inmortal vigencia del evemerismo...) se dan cita en La llave del abismo, sí, pero concentrarse en ellos, en última instancia, no es sino empeñarse en ver el bosque árbol por árbol, más que en su conjunto. Quizá porque el conjunto decepciona.

Porque, reconozcámoslo, La llave del abismo no es ni más ni menos que un canto a las novelas de aventuras, un monumento a la literatura "de a duro", una mezcla de Ulises XXXI y Solomon Kane, o Doc Savage, o... Y eso no se le puede consentir a un libro galardonado con el Premio Ciudad de Torrevieja, que es un pastón y debería estar reservado para obras más serias. Más sesudas. Más aburridas, si se me permite. ¿Que esta catedral erigida en honor a los Mitos de Cthulhu, los juegos de rol y la estética Matrix se erige sobre pilares propios de otras arquitecturas menos festivas, más sobrias? Bueno, a otros les escocerá esa herida, a mí no. A mí lo que me escuece es que aun teniendo todos los ingredientes para ser una lectura ágil, divertida, intrascedente y vigorizante, lo es... pero no hasta el final. Le pesan las páginas desde el segundo encuentro letal-pero-no-tanto, desde el tercer descubrimiento definitivo-pero-no-tanto, desde la cuarta inmersión en un escenario exótico-pero-no-tanto... Se repite, en otras palabras, y me da rabia.

Pero soy un lector paciente y leal, y sé que el momento de la verdadera reconciliación no puede estar lejos.
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