jueves, 12 de noviembre de 2009

Zombieland


Con las ganas que tenía de que me gustara esta película, y lo fácil que me lo ponía: zombis y Woody Harrelson, ¿qué podía salir mal? La lista sería demasiado larga, así que lo condensaré en pocas palabras: Es una película de terror que no da miedo / es una comedia que no hace gracia. A mí, por lo menos.

Pero lo que más me repele de Zombieland es que viene a ser la gota que colma el vaso de las «zombi-parodias» (o -paridas), lleno a rebosar de un tiempo a esta parte. Novelas como Pride and Prejudice and Zombies o Zombis rubias vienen a sumarse a filmes como Zombie Strippers o Black Sheep para ponerles la zancadilla a obras realmente dignas, tanto en lo terrorífico como en lo cómico, como Fido, Dead Set o Last of the Living, por citar tan sólo unos pocos ejemplos de lo que puede conseguirse realmente si se toman en serio ambos ingredientes.

Lo que nos encontramos en Zombieland es la clásica «comedia» disparatada en la que nadie se toma la molestia de intentar conferirle un mínimo de interés al asunto: ni los guionistas (que saben que la taquilla la van a romper hagan lo que hagan), ni los actores (que saben que están participando en una idiotez alimenticia sin mayor trascendencia), ni mucho menos los críticos (que al parecer  están poniendo el film por las nubes, claro indicio de que ni siquiera están molestándose en verla antes de opinar); un ya tristemente habitual engendro endogámico de Hollywood por y para Hollywood, con cameo de estrella incluido (Bill Murray en esta ocasión... dos minutos dura el oasis de su aparición en este inhóspito desierto de película). Especialmente triste es el papelón del joven Jesse Eisenberg, encorsetado en su vergonzante por lo obvio intento de moverse y hablar como Michael Cera.



Habrá quien alegue que se trata de un divertimento sin mayor ambición, una película palomitera para verla y con los amigos y comentarla, o en solitario y olvidarla, pero no sé, sigue dándome rabia que se aprovechen de mis queridos zombis para perpetrar chorradas como ésta.

Aires más cálidos


Hacía tiempo que se mascaba la tragedia: un ordenador de más de cinco años, un usuario relativamente hardcore, pegado a la pantalla prácticamente 24/7, un sistema operativo acoquinado ante el constante vapuleo de los programas modernos, cada vez más exigentes (igual que su dueño, para qué negarlo)... Mi ordenador, viejo compañero de fatigas, empezaba a dar muestras de ídem, y por fin ocurrió lo que más temía: hace tres días tiró la toalla, se colgó para no volver a descolgarse más, y me dejó enfrentado a la pregunta del millón: ¿Formateo por tercera vez en un año o me las dejo largas?

También hacía tiempo que me rondaban la cabeza pensamientos impuros, la tentación de la infidelidad comenzaba a ser irresistible... quería un Mac. Pero antes tenía que ahorrar, las amantes de lujo no quieren saber nada de clientes desheredados, y a la hucha con forma de cerdito le rugían las tripas. Así pues, si el salto a Mac debía esperar, ¿qué hacer? ¿Formatear? ¿Por tercera vez en un año? ¿En serio?

Ubuntu is an African word meaning 'Humanity to others', or 'I am what I am because of who we all are'. The Ubuntu distribution brings the spirit of Ubuntu to the software world. 

No, aún tenía una opción, los rumores sonaban cada vez con más fuerza: Existe una alternativa, gratuita, y se llama Linux. El simpático pingüino, con tantos detractores como apasionados forofos, nunca había terminado de seducirme porque, reconozcámoslo, uno trabaja con el ordenador pero tampoco daría para protagonizar una serie a lo The IT Crowd. El caso es algún SO tenía que meterle al ordenador, así que hice de tripas corazón y de perdidos, al río: Favor que me hizo mi cuñado de grabarme la nueva versión de Ubuntu, CD de instalación al canto... y voilá. Se hizo la luz.

No voy a enumerar las virtudes de Linux porque ya digo que sólo hace un par de días que lo utilizo, lo más probable es que tanto sus más acérrimos defensores como sus enemigos declarados tengan parte de razón, pero sí puedo afirmar una cosa: A Dios pongo por testigo, que jamás volveré a usar Windows.

También es verdad que seguiré ahorrando para el Mac.

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