lunes, 4 de octubre de 2010

Y pese a todo..., de Juan de Dios Garduño

Dos amigos y vecinos residentes en la ciudad de Bangor (Maine), la hija del uno y el perro del otro, una historia de confianzas traicionadas a sus espaldas y la Tercera Guerra Mundial como telón de fondo. Ya está. Juan de Dios Garduño no podría haber elegido unos ingredientes más básicos para confeccionar lo que resulta ser un suculento manjar servido en la engañosa bandeja pringosa de sangre y vísceras del sello editorial Dolmen, subdivisión Línea Z.

Lejos (pero no demasiado, sino en su justa medida) de las altas dosis de casquería y acción de Naturaleza muerta, por mentar el otro título de Línea Z que ha pasado por mis manos recientemente, Y pese a todo... elude la pirotecnia habitual de las historias de zombis más convencionales y se centra en las cuitas más bien domésticas de sus protagonistas, dos tipos ni viejos ni jóvenes, ni gordos ni flacos, adorables por su humanidad y por lo mismo también abominables a ratos, ambos con sus fantasmas personales y sus bondades redentoras, con las aristas justas para que el lector los encuentre interesantes pero sin cortarse.

Ya se ha escrito mucho sobre esta novela (como amablemente se encarga de recoger la editorial en su página web, a la que remito para quienes busquen una reseña más ortodoxa), de modo que me centraré en los aspectos de la misma que más me han llamado la atención, no todos ellos de carácter exclusivamente literario.

Lo primero que pensé cuando por fin obró este libro en mi poder fue: «Guau, vaya padrinos que tiene este chico.» A la efusiva loa de José Carlos Somoza (repetida por partida triple, para que entre mejor por los ojos) hay que sumar el apasionado y original prólogo que firma David Jasso. Después leí la biografía del autor y me gustó especialmente el detalle de que «actualmente vive en una aldea de Córdoba, con su mujer y su perro», porque fue precisamente en una aldea de Córdoba (Villanueva del Rey, para más señas) donde a finales de abril leí y me dejé la arriba mencionada novela de Víctor Conde, una curiosidad irrelevante pero que a mí me hizo gracia.

Como curioso también (divertido ya no, que no soy tan macabro) encontré el detalle de que Garduño incluya en los agradecimientos finales «a los anónimos médicos del Hospital de Peñarroya-Pueblonuevo por salvarme la vida, aquella aciaga noche», ya que mi familia entera sale de ese mismo pueblo y en ese mismo hospital terminé el día antes de volver a Alemania el ya mencionado mes de abril de este año, si bien por motivos mucho menos graves que los veladamente sugeridos por el autor. Detalles todos, en definitiva, que tienen poco que ver con la novela en sí pero que, sin embargo, forman parte inextricable de la experiencia de su lectura, tanto más grata para mí por cuanto me retrotrae a sendas de la memoria por las que siempre será un placer pasear.

Como último detalle exasperantemente ajeno al quid de la historia, reconocer que andaba (y ando todavía, para qué engañarnos) un tanto picado en mi orgullo porque en alguna parte había leído algo acerca de un concurso relacionado con Y pese a todo..., consistente en encontrar una referencia a Stephen King en la ilustración de cubierta, y sigo sin dar con ella. Yo no es que me considere un enciclopedia con patas en lo tocante a conocimientos sobre el señor King, pero afición sí que le profeso, así que... ¿me podría soplar alguien la solución (si es que ya ha terminado el concurso y no le busco spoilers a nadie)?

Ya para terminar, por pundonor, una de cal y otra de arena más orientadas al aspecto netamente literario de esta obra:

La de cal: He leído por ahí alguna reseña de Y pese a todo... en la que se critica la precipitación con que parece cerrarse la trama, en extraño contraste con lo pausado y angustioso del ritmo de la mayor parte de la novela. Es verdad que termina todo casi con un pimpán, sanseacabó y a otra cosa, mariposa, pero a mí no me molestó especialmente ese detalle. Antes bien, más me hubiera molestado que el autor añadiera dos o tres capítulos más tan sólo para estirar la resolución del conflicto final, en mi opinión certeramente tratado con el estallido de adrenalina que se merece, que ya eran muchas páginas de tensión acumulada.

La de arena: Una nimiedad para muchos, seguro, pero he encontrado párrafos que podrían haberse beneficiado de una ligera reformulación para evitar repeticiones innecesarias como «...Peter tuvo tiempo de ver unas garras que agarraban a la señora Underwood. Nicholas la agarró de un tobillo...» (p. 101), o «Muchos países desarrollados vendían armamento a países en desarrollo, y nuestro país no se salvaba de ello» (p. 172).

Cuestión de gustos, lo reconozco. Y además, quién sabe, a lo mejor en un futuro no muy lejano este tipo de aliteraciones se convierte en la marca de la casa de Juan de Dios Garduño, al que auguro un lugar prominente en el campo de la literatura de terror patria a poco que este Y pese a todo... sea indicativo de algo, y yo aquí, cubriéndome de gloria.

jueves, 30 de septiembre de 2010

La voz de los traidores

Podría ser el título de una novela de Joe Abercrombie, pero no, la entrada de hoy no es más que una modesta reflexión que me gustaría aderezar con unos cuantos enlaces que creo que podrían interesar a mis visitantes habituales (poquitos, pero me consta que haberlos, haylos).

El caso es que me chiflan las entrevistas a traductores, tanto leerlas como hacerlas, como demuestro a salto de mata en La mano izquierda de la traducción, el rinconcito que tan amablemente les pido prestado de vez en cuando a los responsables de Literatura Prospectiva (de visita obligada para todos los aficionados a la ciencia-ficción) como tribuna desde la que pregonar las bondades y calamidades de esta profesión a veces tan dura y siempre tan bonita.

Hoy por hoy, mis colegas traductores contemporáneos y yo desempeñamos nuestra labor para un público cada vez más consciente de nuestra existencia y preocupado por la corrección de nuestra labor. Esto, unido a la facilidad para tender puentes que permite Internet, se traduce (je) en la proliferación de entrevistas a «traidores» (porque traduttore, traditore, ya se sabe), en portales de literatura, portadas de foros o bitácoras personales, con lo que mi curiosidad por conocer mejor la labor de algunos compañeros de profesión, las circunstancias que los condujeron a estar donde están, o incluso su actitud ante las inevitables dificultades propias de nuestro trabajo, se ve ampliamente satisfecha por ejemplos como los que enumero a continuación:

Pilar Ramírez Tello: Pilar, con la que he tenido el placer de compartir créditos en El robot completo, es una excelente traductora cuyo trabajo levanta pasiones, lo que explica que esto de las entrevistas ya no sea nada nuevo para ella (la revista especializada La linterna del traductor incluye una charla con ella en su último número, y yo mismo le hice unas pocas preguntas para La mano izquierda de la traducción en su día). Mi enlace remite en esta ocasión al blog Bienve's Welt, cuya administradora conversa con Pilar sobre sus primeros pasos en el mundo de la traducción, su metodología de trabajo o su opinión sobre el impacto de la actual crisis económica en el sector.

José María Faraldo: La voz del virtuoso Andrzej Sapkowski en español, receptáculo de tal cantidad de elogios a su trabajo que uno no puede por menos de profesarle una (seamos sinceros) malsana envidia profesional. Como es un placer leer tanto sus traducciones como las entrevistas que de vez en cuando concede a distintos portales dedicados a la literatura fantástica, su presencia en esta lista es inapelable.

Adolfo Muñoz: No tengo el placer de haber leído ninguna de las obras traducidas por este veterano profesional, pero el gracejo con que se expresa y el impagable retrato del modus vivendi de un traductor literario típico que ofrece, sin duda atractivo para los curiosos que vean la profesión desde la barrera, hacen que figure en este listado por méritos propios.

Noemí Risco: Licenciada en Traducción e Interpretación que desembarcó hace relativamente pocos años (por lo que leo en su perfil de Ediciona, espero no estar metiendo la pata) en el mercado de la literatura fantástica. En la entrevista enlazada habla de los plazos de entrega, el papel del traductor en la elección del título de una novela, y varios aspectos interesantes más de nuestro trabajo.

Esta entrada se publica un 30 de septiembre, día de san Jerónimo, o lo que es lo mismo, el Día Internacional del Traductor. Valga, por tanto, como modesta celebración de nuestro trabajo y brindis lanzado al aire para todos mis esforzados compañeros de faena. Traductores... ¡salud!


viernes, 10 de septiembre de 2010

Filias y fobias

A los lectores omnívoros, a los que nos gusta picotear de letras variadas, nos viene de perlas contar con oasis de opinión fiables en los que refrescarnos cuando nos asalta la sed de nuevas lecturas. Así, con el tiempo, uno va reuniendo en su agenda gastronómico-literaria particular a amigos, críticos y reseñadores con gustos parecidos al suyo y recurre a ellos ante la duda de si tal o cual título tiene sustancia realmente o si, por el contrario, tocar hacer un saludable ayuno.

Del mismo modo que entre esos enlaces que hay abajo a la derecha encuentro periódicamente opiniones que me ayudan a formarme una idea sobre algunas novelas que me interesan, a corroborar impresiones dejadas por obras ya digeridas o a descubrirme matices que quizá en su día pasaron volando demasiado por debajo del radar de mi paladar, me gusta pensar que en esta humilde bitácora recalan de vez en cuando peregrinos que, a la salida, no importa cuánto haya durado su estancia, se llevan consigo siquiera un ápice de la información que buscaban cuando llegaron.

A todos estos viajeros de paso (los que tengan Reyes y Truenos por parada de postas habitual sé que se habrán dado cuenta hace tiempo) va dirigido este caveat lector: Mi blog no contiene ninguna reseña objetiva. Pero es que ni una sola, es tremendo. De verdad. Procuro huir en la medida de lo posible del «me gusta porque sí» y el «me parece una mierda porque asá», creo que no me faltan herramientas para ello y me esfuerzo por llevar la teoría a la práctica porque ése es el trato que me gusta recibir cuando busco la valoración de alguna novela en otros rincones. Quid pro quo. Ends meet. Cacahué.

Pero a veces es que resulta imposible. Y como muestra, por si a alguien le da pereza bucear en entradas más antiguas, dos botones de novísimo cuño:

EIN KÖNIG FÜR DEUTSCHLAND, de ANDREAS ESCHBACH, nos cuenta la historia de una hipotética restauración de la corona alemana por parte del sobrio pero revolucionario cuando se tercia profesor de instituto Simon König y su hijo ilegítimo Vincent, genio de la informática y manazas para absolutamente todo lo demás envuelto en turbias manipulaciones electorales en los EE.UU., amén de víctima del chantaje del mago Zantini, cabaretista de ascendencia italiana e inevitables contactos mafiosos, respaldado por un hombre con el cuerpo tatuado de pies a cabeza y una mujer barbuda. Ah, y por un enano cascarrabias, pero éste sale muy poco. El elenco de personajes arquetípicos y esperpénticos dura y dura, pero mejor parar aquí y terminar cuanto antes con la parte más objetiva e insulsa de esta reseña: Ein König für Deutschland es un thriller detrás del que se nota que hay un trabajo de documentación exhaustivo (y por si acaso no se notara, las abundantes notas a pie de página ya se encargan de recordárnoslo cada pocas páginas), un palpable intento por parte del autor de imprimir una mayor dosis de humor a su estilo, y una innegable motivación más pegada a lo puramente alimenticio que a la excelencia literaria en su factura. Indigno de Eschbach. De película de sobremesa. Y la novela con la que mejor me lo he pasado en muchos, muchos meses.

¿Que esto cómo se come? Muy fácil: La mitad de la acción transcurre en los Estados Unidos y la otra mitad en Alemania, más concretamente en Stuttgart, que da la casualidad que es donde vivo yo desde hace esta semana seis años. Y así, leyendo sobre algunas costumbres suabas como la sacrosanta Kehrwoche, o el ritual de la confección de un buen Braten; visualizando a los personajes en escenarios tan familiares como el Schloss Solitude, donde tantos domingos soleados habré pasado de merendola, o en la Königstrasse de la capital, o en Ludwigsburg; compartiendo vicariamente las vivencias de un grupo de ya-no-tan-jóvenes inadaptados aficionados a los juegos de rol, la emotiva mención al clásico Schwarze Auge... se le fueron vendando solos los ojos al lector más gourmet que llevo dentro a la vez que, con cada página que pasaba, se iba despertando un poco más el apetito de esa otra faceta que tenía quizá un poco desnutrida últimamente: la del goloso encerrado por accidente en una confitería, o la del glotón que ve cómo su dietista le levanta un régimen estricto el día que menos se lo espera. Y qué atracón, señores. De los de café, copa, puro, siesta y partida después.

Ahora bien, recomendar la novela, lo que es recomendarla... sin paliativos no, la verdad.

En cambio con SCHWARZFALL, de PETER SCHWINDT, me ha ocurrido justamente lo contrario. Cuando leí la sinopsis (en la ciudad de Fráncfort se produce un inesperado apagón general y la gente se las tiene que ingeniar para salir adelante sin electrodomésticos, enfrentándose a la escasez de víveres y combustible) reconozco que enseguida resonaron en mi cabeza ecos del Ensayo sobre la ceguera de José Saramago. ¿Por qué no? Y si por talento literario se quedaba corto, al menos la premisa de partida prometía ser lo bastante interesante como para ayudarme a pasar una página detrás de otra hasta el final.

Y así fue, las páginas aleteaban ante mis ojos a una velocidad pasmosa, pero no porque Schwarzfall tenga nada en común con Ensayo sobre la ceguera, aparte de la oscuridad que envuelve a sus protagonistas durante gran parte de la trama. La novela de Schwindt prometía ser un thriller de altos vuelos y se queda en telefilm de sobremesa. Ni la estructura, ni los personajes, ni el vocabulario empleado por el autor destacan de ninguna manera. Y sin embargo...

Y sin embargo, el cinismo, la violencia y la vulgaridad del lenguaje empleado son los tres sencillos acordes que utiliza el autor para componer una moderna oda punk a los tiempos que corren, caracterizados por los altos índices de desempleo, el repunte de la xenofobia, el ensalzamiento de la vanidad frente a la educación y la glorificación del individualismo frente a la solidaridad. Y a mí el punk, pues oye, como que siempre me ha gustado. Por eso recomendaría la novela, no a quienes busquen deleitarse con enrevesados rompecabezas argumentales o con evocadoras concatenaciones interminables de alegóricas oraciones subordinadas, sino a quienes no tengan bastante con el cáustico baño de realidad con que nos abrevan los telediarios y deseen sumergirse más aún, quizá con una bombona de introspección bien cargada a la espalda, en las tenebrosas profundidades de nuestro día a día.

Aunque parezca incongruente no querer recomendar una lectura que me ha gustado, y viceversa, sé que la inmensa mayoría de las críticas y reseñas literarias que se pueden encontrar en la Red contienen esa pequeña dosis de contradicción. Tan sólo es cuestión de saber de qué pie cojea cada uno. Y nosotros ya nos vamos conociendo, ¿verdad?

martes, 7 de septiembre de 2010

Toc, toc, llaman a la puerta

...y entra la abuela de mi mujer, toda disgustada. Hoy esperaban la visita del alcalde, que debía ir a su casa para felicitar al abuelo por su octogésimo cumpleaños (ya celebrado con quienes de verdad importa el pasado sábado día 4), pero ha llamado la secretaria del ayuntamiento para disculparse, contrita: Que hoy no va a poder ser, que el alcalde tiene otros compromisos, que qué tal otro día.


Otro día me parece a mí que no va a ser, las agendas del pundonor tienen prioridad sobre las políticas. Además, la idea original partió del mismo alcalde, cuando a él nadie le había dado vela en este cumpleaños.






domingo, 25 de julio de 2010

The Ghost Writer, de Roman Polanski

Es fácil entender por qué la mayoría de los lectores de la novela The Ghost Writer, del best-sellero Robert Harris, encuentran no pocos paralelismos entre el atribulado y ficticio ex primer ministro británico Alan Lang de la ficción y Tony Blair, acusado por propios y extraños de bailarle el agua a los EE.UU. al comienzo de la guerra de Iraq. En la cinta homónima dirigida por el forzosamente exiliado en Suiza Roman Polanski, sin embargo, lo que se percibe es una nada o mal disimulada proyección de las desventuras del veterano director sobre el personaje interpretado por Pierce Brosnan.

Quizá sea hilar demasiado fino, pero que míster Lang se revele a lo largo del metraje como el proverbial lobo con piel de cordero, víctima de los tejemanejes de la no menos proverbial CIA y, para redondear, ingenuo pegote de plastilina en manos de la ya proverbial hasta decir basta mujer fatal.  Para enmarcar ese momento en que los consejeros de Lang, acusado de crímenes de guerra, advierten a éste que haría bien en no moverse de los Estados Unidos, pues junto a China, Cuba, Iraq y «algún que otro país africano» (sic), es de los pocos territorios que no reconocen la autoridad de la Corte Penal Internacional de La Haya... en fin, no sé yo, pero me da que Polanski podía haber sido un poco más sutil. ¿Qué será lo siguiente, dirigir un remake de Lolita?


En cualquier caso, la película gana enteros si se consigue ver alejado a una distancia prudencial de las circunstancias personales de su director; tanto Brosnan como Ewan McGregor (el negro o «escritor fantasma» que da título a la obra, encargado de escribir las memorias de Alan Lang tras la trágica jubilación anticipada de su predecesor) se sienten cómodos en sus respectivos papeles, bien arropados (literalmente, en algún caso) por el sector femenino del casting, Olivia Williams y Kim Cattrall.

Se echa quizá un poco de menos en el guión más minutos para la labor del anónimo escritor, algo que Harris parece retratar bastante bien en la novela, y también un mayor comedimiento a la hora de incluir tics recurrentes en este tipo de tramas, como esos encuentros fortuitos con personajes vistos y no vistos que pese a su fugaz presencia en escena se las apañan para proporcionar información crucial y empujar al protagonista en la dirección adecuada (en el caso que nos ocupa, en forma de viejo lugareño cuyo carácter ermitaño no le impide desembuchar todos sus conocimientos sobre el comportamiento de las mareas de la zona en un tiempo récord).

Y el sorprendente final... bueno, «sorprendente». Si Polanski nos lleva haciendo lo mismo desde El baile de los vampiros.

jueves, 22 de julio de 2010

After.Life, de Agnieszka Wojtowicz-Vosloo

A la maestra de escuela Anna Taylor (Christina Ricci) no le van bien las cosas: hacer el amor con su novio (Paul Coleman, interpretado por Justin Long) no le cambia la cara de palo, sangra por la nariz en la ducha y se insinúa, aunque en ningún momento se llega a profundizar en ello, que su señora madre podría tener la azotea amueblada con saldos de IKEA. Conforme avance la cinta veremos que nada de todo esto tiene la menor relevancia, pero son pinceladas de color que al menos insuflan algo de vida en un personaje innecesariamente gris.

Al pastel de los males de Anna no tarda en caerle encima una guinda bien gorda, y es que por encima del límite de velocidad, sin cinturón de seguridad, cayendo la del pulpo, revolviendo el bolso en busca del móvil y marcando no se sabe muy bien qué número en éste después de encontrarlo, termina pasando lo que tenía que pasar: Que cuando vuelve a abrir los ojos es encima de una mesa de autopsias, bajo la sospechosamente inmutable mirada del director de pompas fúnebres Eliot Deacon (Liam Neeson).

Aquí empieza por fin el meollo de la cuestión, lo que le sorbe el seso a la debutante Wojtowicz-Vosloo hasta el punto de dejarse deslumbrar por lo sugerente de la idea y no ver el precipicio por el que se pasea su ópera prima: ¿Está muerta Anna realmente o es el enterrador un psicópata retorcido? Como espectador y aficionado a las historias enrevesadas, a mí también me apetecía descubrir la respuesta a esa pregunta... pero por mis propios medios, leyendo entre fotogramas y sin necesidad de bruscos empujones en dirección a la solución.


Lástima de torpeza y precipitación en la persecución de su objetivo, porque la directora tenía mano de sobra para hacer saltar la banca, con un reparto reducido pero de lujo y entregado, niño raro repelente (Chandler Canterbury; a ver si en Repo Men le dan unas líneas con un poco más de salero) aparte.

Casi todas las críticas que he podido encontrar en la Red sobre After.Life hacen hincapié en el hecho de que la Ricci se pasa la mayor parte del metraje en pelota picada, pero lo que más me ha llamado a mí la atención es que Liam Neeson aceptara trabajar en un guión tan impregnado de connotaciones seguramente negativas para él, tras la no tan lejana pérdida de su esposa en un trágico accidente de esquí. Como eso no hay forma de ejemplificarlo gráficamente, no obstante, habrá que conformarse con ilustrar lo bien que le sienta la muerte a la ex benjamina de los Addams.

sábado, 3 de abril de 2010

La clave del laberinto, de Howard V. Hendrix

Si hay una norma no escrita en esta vuestra bitácora es la de no reseñar ninguna novela cuya traducción haya corrido de mi cuenta, puesto que no es mi intención hacer proselitismo de ninguna editorial en particular, y no creo que pudiera evitar suspicacias si me dedicara a enumerar aquí las fobias y filias que salpican el corpus de mi producción profesional. Lo que sigue a continuación, por tanto, no es ninguna crítica de La clave del laberinto, sino un simple puñado de reflexiones al azar suscitadas por un par de cosas sueltas que he leído por ahí en los últimos días.

La clave del laberinto, reducida a su mínima expresión, es un tecno-thriller aderezado con grandes dosis de metafísica. En retrospectiva, si nos fijamos en cuándo apareció en las librerías españolas, es fácil entender por qué La Factoría de Ideas decidió darle una oportunidad a Howard V. Hendrix, por aquel entonces un completo desconocido que desembarcaba en nuestro idioma sin más padrinos que alguna que otra turbia mención a algún que otro premio nebuloso. Un perfecto mindundi, vaya. Pero si nos fijamos en el texto de contraportada (en cuya redacción yo no intervine para nada, como suele ocurrir casi siempre, por otra parte), veremos que no hace falta ser ningún Sherlock para resolver el misterio:


Del doctor Jaron Kwok sólo han quedado unas extrañas cenizas en una habitación de hotel cerca de Hong Kong, una desaparición que movilizará las mayores potencias nacionales, agencias de seguridad, integristas islámicos, clanes del crimen y sociedades secretas. Porque el doctor Kwok puede haberse llevado con él un descubrimiento capaz de alterar el orden mundial: el diseño de un ordenador que podría romper todas las claves de encriptación de las naciones rivales. La policía china Marilyn Lu y el sucesor de Kwok, el doctor Ben Cho, se hacen cargo de la investigación pero, al mismo tiempo, deberán averiguar hasta qué punto son marionetas dentro de este complicado juego, y hasta qué punto controlan su propio destino.

Una novela apasionante acerca de códigos crípticos, alquimia, misterios religiosos, conspiraciones ocultas y tramas llenas de intriga. Con La clave del laberinto, Hendrix anuncia el próximo éxito indiscutible entre los lectores de todo el mundo.

Corría el año 2004 y Dan Brown arrasaba en las listas de ventas con El código DaVinci. Los efectos de esta fiebre todavía colean, pero lejos queda ya la influencia que llegó a tener aquella novela. Hace un lustro, sin embargo, muchas editoriales buscaban desesperadamente cualquier obra cuyo argumento pudiera venderse como aproximado al del best-seller de Brown. Releamos el texto de contracubierta reproducido un poco más arriba, concretamente las palabras «misterios religiosos» y «conspiraciones ocultas». Ya nos imaginamos por dónde iban los tiros, ¿verdad?
El caso es que todo émulo del Código DaVinci que se precie necesitaba, además de una sinopsis poblada de «misterios religiosos» y «conspiraciones ocultas», una cubierta en consonancia: cúpulas, ángeles, simbolillos raros... todo así como muy esotérico y hermético. No me cabe duda de que más de una y más de dos novelas que otra manera hubieran pasado desapercibidas vieron infladas sus ventas gracias a dicha estrategia, pero este mimetismo calculado tampoco estaba exento de riesgos: desviadas de su público realmente potencial, algunas obras fueron a caer en tierra de nadie, insuficientemente «DaVinceras» para algunos y demasiado para otros. La clave del laberinto creo que es un buen exponente de ello.
Esto me lleva por fin al primero de los textos que me ha impulsado a escribir esta entrada. Leído hace un par de días en SeDice: «Me pregunto que habrán pensado los compradores de esta novela , adornada en su portada por un ángel flotando sobre un laberinto y la sugerencia en su contraportada de que el contenido es un refrito de El Código Da Vinci , al comenzar a leer este cyberpunk durísimo [...] Y si sos fan de El Código Da Vinci huíle como a la lepra.» La cita está extraída de este comentario, firmado por el usuario Serrucho. Me hizo gracia leer su referencia al cyberpunk, porque todavía recuerdo como si fuera hoy el intercambio de emails que tuve con Juan Carlos Poujade en su día, donde yo le decía que La clave del laberinto no tenía absolutamente nada que ver con El código DaVinci, que me olía poderosamente a cyberpunk, y él me respondió que ni se me ocurriera mentar a la bicha, chitón, que «cyberpunk» era sinónimo de fracaso de ventas.
El segundo de los textos inspiradores de esta reflexión a vuelapluma es esta entrevista a Alejandro Terán, publicada recientemente en el portal de la editorial Sportula, en concreto la parte en la que le preguntan si alguna editorial le ha echado para atrás alguna vez alguna ilustración ya terminada, y Terán responde: «Peor aún. Me han rechazado hasta cinco propuestas diferentes y prácticamente terminadas.» Fue leer esas palabras y acordarme de la ilustración que debería haber adornado la cubierta de La clave del laberinto, una imagen inspirada por lo leído en sus páginas en vez de sujeta a arbitrarios intereses editoriales:

Espectacular, ¿no? A mí me encantó la primera vez que la vi, y todavía sigue provocándome perturbadoras emociones difíciles de describir. En cualquier caso, la creatividad hubo de cederle el paso a la mercadotecnia, y la novela salió a la venta con la siguiente cubierta:

Que no es que destile menos talento que la anterior, pero es tan palpablemente poco sincera que le rechinan a uno los dientes. ¿El resultado? No sé si a los fans de El código DaVinci les atraería lo suficiente para lanzarse a por ella, pero me consta que esa ilustración bastó para que:
A) La clave del laberinto pasara muy por debajo del radar de muchos aficionados a la ciencia-ficción convencional que, de otra manera, seguro que le hubieran dado una oportunidad.
B) Muchos aficionados a la ciencia-ficción convencional que sí que le dieron una oportunidad terminaron leyendo la novela inevitablemente condicionados por las connotaciones DaVinceras que se desprenden de su cubierta (como creo que se puede apreciar en esta reseña aparecida en la ya difunta página de Cyberdark).
Lo que no me parece ni bien ni mal, tan sólo curioso. ¿Que no se debe juzgar un libro por su cubierta? Tal vez, ¿pero quién no lo hace?

jueves, 1 de abril de 2010

Palimpsest, de Catherynne M. Valente

Qué satisfacción cuando el primer roce de las yemas de los dedos sobre las tapas de un libro basta para indicar que nos encontramos ante una lectura gratificante... y qué gozosa sorpresa descubrir que el prometido placer de su lectura no hace sino intensificarse con cada nueva página que se abre ante nosotros como los muslos de una amante solícita, como los brazos de una madre orgullosa, riéndose en la cara de nuestras ingenuas expectativas.

Intento recordar cuándo fue la última vez que leí una obra tan sensual como Palimpsest y mi memoria se subleva como un soldado insumiso ante las órdenes atroces de un superior embrutecido hasta la crueldad por un régimen estricto de detonaciones y miembros mutilados.

Valente, deudora inconfesa (en público, al menos) de Peake, Harrison y Miéville, amalgama y traviste los escenarios de Gormenghast, Viriconium y Nueva Crobuzón para envolvernos en una ciudad soñada, una quimera urbanística en la que los andenes se quedan vacíos durante la estación de apareamiento de los trenes; donde los hijos de la aristocracia nacen sordomudos, ciegos e informes, y permanecen así hasta alcanzar la mayoría de edad, momento en que los hijos de la plebe despiertan sus sentidos y cincelan sus perfiles a lametones; a la que sólo se accede desde el mundo «real» tras alcanzar el orgasmo; donde el visitante ve limitada sus posibilidades de exploración por los mapas cartografiados previamente en su propia piel; en la que el proceso para conseguir el estatus de residencia es un secreto tan celosamente guardado como vorazmente codiciado.
Como no todo van a ser parabienes, me gustaría aprovechar algunos de los comentarios más negativos sobre la obra vertidos en Amazon.com. Resulta interesante ver qué tienen en común algunos de ellos:

It's been a while since I've encountered a book I couldn't, or wouldn't finish, but [...]

It's rare that I cannot finish a book, but [...]

It is powerfully rare that I don't finish a book, but [...]
Yo, que cada vez con mayor frecuencia me tropiezo con novelas que amenazan con caérseme de las manos, he tenido la suerte de encontrar en Palimpsest una obra completamente antagónica a lo que se intuye que han sufrido los lectores arriba firmantes. Es más, estoy seguro de que reeleré esta novela, si no entera, al menos sí pasajes sueltos; algunos memorables y otros sencillamente perturbadores, como éste, elegido al azar:
«Ave Maria, gratia plena!» he cries. It is all he knows how to say, the most sacred thing. «Dominus tecum, benedicta tu in mulieribus, et benedictus fructus ventris tui!»
He is laughing and weeping, and all stare at him. The octopus-girl pulls away from her parents as he begins again:
«Ave Maria!»
She walks toward him like a little bride, serious in her white dress, hair the color of a bruise hanging in two long, straight planks to her knees. Her pace is slow and she does not try to run - Ludo is sure she has been told no to run in church. She puts her cold, wet tentacles around his neck; they coil heavily on his shoulders. She fixes him with a solemn expression. Slowly, she kisses his cheek.
Más supuestos defectos de la novela:
The author seems incapable of writing a single sentence without using some form of metaphor or simile.
Aun asumiendo que la abundancia de símiles y metáforas sea un defecto, no conviene olvidar que Palimpsest gira en torno a la influencia de una ciudad extradimensional en quienes la visitan, previo pago del óbolo de sus orgasmos. Embarcarse en esa tarea sin recurrir a tropos literarios equivaldría a abordar una soldadura desdeñando el soplete, ineficaz e innecesario.
Catherynne Valente is probably a genius and indeed a poet. And I am not. Probably need to be to really get into this book. ONE TOUGH READ. The prose is so ornate and almost intricate to the point of confusion.
La verdad es que Catherynne M. Valente ha publicado varios libros de poesía, ¿pero es necesario ser poeta para disfrutar de un poema, para ser capaz de sumergirse en él? La pregunta es evidentemente capciosa.
You're expected to fall in love with the book as soon as the first gritty fairy-tale-inspired metaphor hits you, and if you don't, you're left behind.
Bueno, esto sí que es verdad. O se entra en el juego de la autora o no, no hay término medio. Ahora bien, son tantas las obras sobre las que se podría decir lo mismo, que la declaración pierde peso por perogrullada.
Luego tiene gracia cómo aun el rechazo puede vestirse de admiración en ocasiones:


Some of her sentences should be framed and mounted on a wall, like art. They were simply gorgeous.



Enlaces de interés para quienes sientan curiosidad por saber más sobre la novela y su autora:


Página web de Catherynne M. Valente


16th and Hieratica, el cuento donde empezó todo.

miércoles, 17 de marzo de 2010

FFN VIII - enfriando motores

Como adelantaba en esta entrada del pasado 21 de febrero, las Fantasy Film Nights cayeron como  una bomba en Stuttgart este fin de semana y ahora toca taparse con la mantita e hincharse a caldos bien calentitos para bajar esta fiebre de las trincheras que me ha dejado el minifestival, consagrado en su octava edición al género Z en una más que generosa proporción. Tres películas, tres, de las diez mostradas entre el sábado y el domingo tenían como mutilados protagonistas a la criatura de moda en la literatura y el cine actuales. Y es que los zombis (lo siento, alguien tenía que decirlo) están más vivos que nunca.
Aunque más de veinte horas en total de cine fantástico dan para algo más que disparos, surtidores de sangre, alaridos y sobresaltos varios. También ha habido lugar para lo onírico, para lo psicológico, e incluso para el humor.
A continuación, mis impresiones sobre cada uno de los títulos:


SAMSTAG 13 MÄRZ







14.00 UHR RED RIDING: 1974
Me daba buena espina y mi corazonada resultó estar bien encaminada. La historia, primera de la televisiva Red Riding Trilogy (basada en el literario Red Riding Quartet de David Peace), nos lleva a la Inglaterra de mediados de la década de los 70 para sumergirnos en un sumidero de corrupción política, policial, periodística y hasta urbanística. Con un Yorkshire sacudido por una serie de brutales infanticidios como telón de fondo, el realizador Julian Jarrold regala los sentidos al espectador con una cuidada recreación de la investigación que realizara en su día un joven periodista.
Cruda y pausada, con una fotografía muy especial gracias a haberse rodado originalmente en 16mm y ampliado a 35mm con posterioridad, la película ha supuesto una de las gratas sorpresas del festival. Me ha dejado con ganas de ver las continuaciones (y de leer todos los libros). Difícilmente justificable la inclusión de esta única incursión del género negro en esta edición del festival por su absoluta carencia de elementos fantásticos, pero acertada y loable desde mi perspectiva de espectador totalmente egoísta.

16.00 UHR SUMMER WARS
Ya no sé ni cuál fue la última película de anime que había visto, y me apetecía volver a deleitarme con la mezcla de acción y humor que prometía el tráiler de Summer Wars. Mamoru Hosuda cumple y le ofrece al espectador precisamente eso, situaciones disparatadas y combates de ultrapokémons en un entorno virtual que bebe de Internet y del auge de sus redes sociales. En la sala no pararon de oírse carcajadas a lo largo de todo el metraje, y bien que nos vinieron... porque a partir de aquí a más de uno se le congeló la sonrisa en la cara.

18.15 UHR [REC] 2
Menudo filón han encontrado Paco Plaza y Jaume Balagueró con sus carpetovetónicas aventuras de la Niña Medeiros, jo... lín. Sin salir del edificio que servía de cochambroso escenario para la primera entrega de la serie (porque esto no se queda en duología, va a ser una franquicia en toda regla: al parecer ya están apalabradas una tercera parte y una precuela), nos reencontramos con el mismo hueco de escalera y el mismo altillo sobredimensionado que tan malos ratos le proporcionaron a los bomberos de [REC], relevados aquí por un puñado de GEOs y un trío de muchachos entrometidos, capitaneados por un cura guiri (?) con muy mala sombra.
Sanvitesca versión gore de un 13, Rúe del Percebe que ahora pretende renunciar a sus raíces zombi/infectadas en favor de una explicación más demoníaca (pero igual de traída por los pelos) de lo que ocurre realmente en una película donde, la verdad sea dicha, todo intento de explicación está condenado al fracaso de antemano.

20.15 UHR DAYBREAKERS
Primera película de alto presupuesto del festival, y primera decepción ([REC]2 no cuenta porque lo cierto es que satisfizo todas las expectativas que tenía depositadas en ella) seria.
Una premisa inicial relativamente original (con permiso de las Crónicas Necrománticas de Brian Lumley, mi primera toma de contacto, quinquenios ha, con una sociedad vampírica donde la sangre humana es un bien escaso, realidades alternativas mediante), que apelaba a mi condición de fan irredento de todo lo que calce colmillos, a la que parecen pesarle demasiado dos cosas: la estética, por un lado, innecesaria y anacrónicamente deudora de Matrix; y el remate final, por otro, inevitablemente hollywoodiense, con escalofriantes por lo manidas situaciones de apetencias románticas resueltas para bien pese a quien pese y redenciones in extremis de personajes «malos pero menos» incluidas.
Hawke, Dafoe y Sam Neill resuelven con solvencia los encorsetados personajes que les han tocado en suerte, pero la sensación final es de haber visto una película nacida con estrella y estrellada por el camino, no sé si por los habituales tijeretazos que gustan de meterles en la Meca del Cine a todas las superproducciones con aspiraciones a trascender su estatus de rompetaquillas de diseño o por pura y dura dejadez de los guionistas. El caso es que podía haber dado para un poquitín más.

22.30 UHR LA HORDE
La niña mimada del festival, catapultada de antemano al olimpo del cine de terror por un hype que nace del público para el público. ¿Justificado? Veamos...
Empieza bien: el entierro de un policía, el plan de sus compañeros por vengarse de los mafiosos que lo han asesinado, unas rápidas pinceladas con las que se perfilan unos personajes que se intuyen de armas tomar, y un lenguaje basto, soez, de a pie de calle para abajo, que casa perfectamente con los colores sucios elegidos para ilustrar cada fotograma.
Continúa mejor: un acercamiento sin rodeos a la violencia física, puñetazos y patadas de los que dejan sin aliento tanto al que los recibe como al que los propina (por no hablar del que los observa), y un tratamiento hiperrealista tanto del acercamiento a la solución del problema planteado al comienzo como del añadido de obstáculos a dicha solución. Los actores se perciben bien enfundados en la piel de sus personajes. La cámara es implacable con ellos y con el espectador por igual.
Tropieza y se cae: a estas alturas de la cinta me doy cuenta de que todo lo que queda de metraje va a transcurrir en el interior de un bloque de edificios desahuciado. El espíritu de la Niña Medeiros me echa el aliento en la nuca mientras se ríe por lo bajo y susurra fétidamente: «¿No querías interiores cochambrosos? Pues toma dos tazas». Jo... lín, pues vaya, pues bueno, qué se le va a hacer. Me distraigo viendo mutilaciones, tiroteos, apuñalamientos, puñetazos, patadas, mordiscos, zarpazos... No, los zombis todavía no han hecho su aparición, lo que describo es la primera toma de contacto entre los gendarmes vengadores y sus objetivos.
Se levanta: ya han aparecido los zombis, que definitivamente no han oído hablar nunca de la Escuela Romero para No-Muertos. Aquí los cadáveres redivivos van a toda leche... pero van a morder más, mucho más, de lo que pueden mascar. El festín de violencia continúa, se alimenta a sí mismo, crece hasta engullir por completo al espectador que, una vez en el vientre de la bestia, descubre que comparte habitación con los restos cercenados de la trama.
Termina la película: jadeando, ensangrentada, sin aliento, llevada al límite del paroxismo, despeñada por el resquebrajadizo filo de lo plausible. No sé si me siento estafado por ella. Una última bala sella nuestra reconciliación.


SONNTAG 14 MÄRZ

14.00 UHR SPLICE
Hace tiempo que aprendí a vivir con el hecho de que mis gustos musicales, para bien o para mal, se quedaron anclados en los 90, y mucho me temo que ahora debo reconciliarme con la idea de que los cinematográficos han debido de hacerlo en los 80.
Si no, no se explica que esta película, única representación del cine de ciencia-ficción sensu strictissimo, se alce con el dudoso galardón de ser la que más gratamente me sorprendió el pasado fin de semana: tierna, divertida, emocionante, dramática, plagada de guiños de complicidad al espectador, consecuente... impecable.
El fondo de la historia no podría estar más visto: jugar a ser Dios siempre acaba mal, y los experimentos genéticos de alto presupuesto son el mejor atajo si lo que uno busca es complicarse la vida.
Sin embargo, la extraordinaria química que destilan Adrien Brody y Sarah Polley en la pantalla, más los sólidos efectos especiales y la tremenda presencia de una bellísima Delphine Chanéac caracterizada como si de una perturbadora Björk oriunda del Imperio Shi'ar se tratara, se aúnan para darle un tono refrescante a un argumento que bebe del género especulativo y le rinde sentido homenaje sin aportar en realidad nada especialmente novedoso.
Leo con satisfacción que esta nueva incursión de Vincenzo Natali (Cube, Cypher) en territorios especulativos tampoco dejó indiferente a nadie en la pasada edición del Festival de Sitges, y no es para menos. Muy recomendable.

16.00 UHR SURVIVAL OF THE DEAD
Y tras la emoción del descubrimiento, el tedio de lo mil veces visto. George A. Romero, el pope del género zombi en la gran pantalla, vuelve a las andadas autoparodiándose con esta mezcla de western y casquería apta para todos los públicos cuyo principal atractivo reside en el (merecidísimo, por otra parte) mítico halo de leyenda viva que envuelve al veterano director.
Como tampoco me veo capaz de hablar de la película sin hacer leña de un árbol caído hace ya bastante tiempo, cosa que no me apetece ni un poco, permitid que utilice este espacio para relatar una pequeña anécdota:
A la salida de Survival of the Dead, mientras esperaba fuera de la sala a que abrieran las puertas para la siguiente sesión, se me acercó un señor mayor (pero que muy mayor,  un ancianito yo diría que octogenario, arrugado y encorvado, de paso artrítico, tocado con su boina y todo) para preguntarme si podía ver más de cerca la tarjeta que llevaba prendida en el abrigo, que nunca había visto una con foto. Me explicó que él hacía ya un par de años que no se sacaba el pase para todo el fin de semana, sino que cada vez seleccionaba los títulos que más le llamaban la atención, y que para esta edición del festival había elegido la de su adorado Romero (cincuenta veces me contó que había visto La noche de los muertos vivientes, que era un fan acérrimo del género Z, pero del «de verdad», y que el sábado no había querido ver [REC]2 y La Horde porque por los tráilers le habían parecido «productos de ahora, para los jóvenes»). Tampoco era un retrógrado cerrado a las últimas tecnologías, sin embargo, por eso había comprado ya su ticket para la película que cerraba el festival, la asiática The Shock Labyrynth en 3D, por la que sentía curiosidad después de haber disfrutado con Ju-on: The Grudge, lo anterior de su director.
La verdad es que los ya de por sí escasos minutos entre película y película se me pasaron volando hablando con este adorable caballero, al que volvería a ver de lejos en la sala al final de la noche, fiel a su palabra, con las aparatosas gafas 3D calzadas sobre la boina.

18.00 UHR HEARTLESS
El perro verde del festival, una demencial (y algo tramposa) historia rodada en clave de «lo que ves no es lo que parece», quizá un poco pasada de vueltas en su hibridación de iconografía judeocristiana y psicoanálisis, pero que funciona como festín audiovisual y popurrí de interesantes reflexiones sobre la percepción del yo y nuestra proyección en los demás.
Curioseando por ahí me entero de que tanto la película como el actor que carga con el peso de la trama, Jim Sturgess, causaron sensación en la última edición de Fantasporto, el festival de cine fantástico que se celebra todos los años en el más luso de nuestros países vecinos, y que ha suscitado apasionadas reacciones tanto en Glasgow como en Sitges. Lo que fue aquí, la verdad, reacción propiamente dicha no es que suscitara ninguna en especial. Si acaso noté algo más de animación en los pasillos al final de la proyección, desconcierto y perplejidad más que otra cosa.
Yo creo que a todos empezaba a entrarnos un poco la pájara.

20.15 UHR THE COLLECTOR
Sabía que se me iba a atragantar, y lo hizo. Fallida y descerebrada apología del sadismo creativo, conveniente tamizada en el pasapuré del puritanismo y la doble moral hollywoodiense, que renuncia a cualquier pretensión de coherencia argumental a los cinco minutos de empezar. Desastrosa.

22.15 UHR THE SHOCK LABYRINTH: EXTREME - 3D

Aquí, lo reconozco, empecé a pasar serios problemas para reprimir los bostezos.
Interesante en el apartado técnico pero soporífera en todo lo demás esta lisérgica historia de cuatro adolescentes japoneses embarcados en la tridimensional aventura de averiguar en qué circunstancias exactamente se produjo años ha la muerte de una quinta amiga de la infancia, narrada con un ritmo leeento, leeento, leeenzZz...
Por lo menos la fotografía al servicio de las gafas 3D me ayudó a aguantar hasta el final sin quedarme dormido de verdad, pero eché de menos una historia medio digerible que llevarme a la boca.
Tan acogotado salí de la sala que al final no me acordé de acercarme al señorín de la boina para preguntarle qué le había parecido a él la película, qué rabia.


Pues hasta aquí hemos llegado. Repasando la entrada veo que en realidad no son tantas las películas que me han gustado de verdad, pero es que la decena de títulos parecen escogidos un poco al azar, sin un criterio de elección definido, y así es normal que a veces las balas impacten de lleno en el gusto personal de cada uno, y que otras pasen silbando inofensivas a dos metros de distancia.


Próxima parada: Fantasy Film Festival, la primera semana de septiembre. Aunque me parece que esta vez se las a ver todas su tía.

sábado, 13 de marzo de 2010

Her Fearful Symmetry, de Audrey Niffenegger

Recordaba yo más sutil a Audrey Niffenegger, la verdad. Bien es cierto que de ella sólo había leído hasta ahora La mujer del viajero del tiempo, pero en esa primera toma de contacto la autora estadounidense logró conquistarme con una historia de amor trágica e imposible como mandan los cánones. No es que vaya a romper mi idilio con ella después de la lectura de Her Fearful Symmetry, pero sí que siento anidada en mi interior la carcoma de la inquietud. No es tanto un «ésta no es mi Audrey, que me la han cambiado» como un «me sigues gustando, pero como amiga».

Con derecho a roce, por qué no. Pero igual el cepillo de dientes que tenías en mi baño ya no te vuelve a hacer falta.

Her Fearful Symmetry, como la misma autora ha reconocido en alguna entrevista, es una novela que comenzó a gestarse en su cabeza a trompicones: primero una idea por aquí, luego otra por allá... y se nota. Quiero decir, el pilar de la trama, el tema consustancial y palpable de la historia es la soledad. (Otros extraerán sus lecturas particulares de la novela, pero en mí es la sensación principal que evocan sus páginas: prácticamente todos los personajes que pueblan Her Fearful Symmetry están solos, bien por elección propia u obligados por las circunstancias; bien físicamente o en el sentido más afectivo de la palabra.) Pero son muchos los hilos que Audrey intenta enhebrar por esa única aguja, y a alguno se nota que le cuesta pasar por el ojal.

Repasemos someramente el texto de la contracubierta antes de entrar a pormenorizar las que son para mí algunas de las virtudes y las carencias de la novela, para situarnos:



Las gemelas Julia y Valentina, tan exquisitamente retratadas en la ilustración de cubierta reproducida al comienzo de esta entrada, cargan con la mayor parte del peso de la historia, que empieza a rodar de verdad cuando las jóvenes deciden emigrar de los Estados Unidos a Inglaterra siguiendo los caprichosos dictados del testamento de una tía a la que jamás conocieron en vida... ¿o sí? Ya desde el principio empiezan a sentarse las bases de lo que será la constante que caracterice el final de la novela: la sorpresa. Las revelaciones inesperadas (algunas más que otras, la verdad sea dicha) parecen ser el material con que Niffenegger se empeña en forjar el broche de oro de esta historia que, al menos en mi opinión, no necesita tanto oropel.


Her Fearful Symmetry se basta y se sobra para deslumbrar al lector con el cariño que desprenden sus páginas por los disfuncionales personajes que las pueblan (como el entrañable obsesivo-compulsivo creador de crucigramas Martin, protagonista de una subtrama tan entrañable como difícil de creer) y por los escenarios que las enmarcan, básicamente la ciudad de Londres y el cementerio de High Gates, protagonista de un capítulo memorable en el que la autora da la impresión de querer resarcirse de las numerosísimas horas de documentación sobre las que se sustentan sus no menos numerosas y bellas descripciones.

Tiger, tiger, burning bright / In the forests of the night,
What immortal hand or eye / Could frame thy fearful symmetry?
―William Blake, The Tyger

En el último tercio del libro, escenarios, personajes y misterios confluyen en un apresurado delta de decisiones y conductas chocantes, no tanto por lo inesperado como por lo incongruente con lo que la escritora parecía estar queriéndonos contar hasta entonces. Es como si los conflictivos e interesantes binomios que caracterizan las relaciones entre hermanas, madres e hijas, amantes y vecinos se transmutaran de repente en burdos aviones suicidas con los que epatar al lector estrellándolos contra su suspensión de la incredulidad. Y no me refiero precisamente a la errática utilización del elemento más ectoplásmico de la novela, ora adorable, ora insufrible, aunque omnipresente e imprescindible.


Da la impresión, por tanto, de ser la novela una de esas obras que arrebata y cautiva al lector mientras éste camina de su mano por las veredas que dicta la trama, pero cuyo hechizo no tarda en disiparse una vez pasada la última página, dejándonos mareados, como recién despertados de una sesión de hipnosis en la que se nos hubiera ordenado pasarlo bien, pero no recordar el motivo de nuestro gozo tras el último chasquear de dedos.


También es cierto que esta reseña de Her Fearful Symmetry está escrita desde la tibia perspectiva que me proporcionan los dos días transcurridos desde su lectura. Si me hubiera levantado de la cama para escribirla nada más terminar la última página, seguramente el tono sería mucho más elogioso. Es sólo que, después de todos los buenos momentos que hemos pasado juntos, me pareció que Audrey se merecía algo más que un vulgar panegírico poscoital.

miércoles, 24 de febrero de 2010

Michael Moorcock, decálogo para escritores

Consejos... ¿qué escritor en ciernes no los necesita? ¿Y qué mejor que recibirlos de manos de un puñado de pesos pesados de las letras? El diario Guardian recoge las diez reglas de oro de autores contemporáneos tan conocidos como Sarah Waters, Zadie Smith o Hilary Mantel.

Inspirado por el portal Ediciona, que reproduce las palabras de Margaret Atwood, traduzco a continuación el decálogo de un viejo conocido de todo aficionado a la literatura fantástica que se precie, Michael Moorcock.

Quien prefiera leer la versión original puede encontrarla pinchando AQUÍ.

***

1: La primera regla la aprendí de T.H. White, autor de La espada en la piedra y otras fantasías artúricas, y es: Lee. Lee todo lo que caiga en tus manos. Siempre les aconsejo a quienes quieren escribir fantasía, ciencia-ficción o novela romántica que dejen de leer esos géneros por completo y empiecen a leer todo lo demás, desde Bunyan a Byatt.

2: Encuentra un escritor al que admires (el mío era Conrad) e imita sus tramas y sus personajes a fin de contar tu propia historia, del mismo modo que se aprende a dibujar y a pintar imitando a los maestros.

3: Presenta el tema y a los personajes principales en el primer tercio de tu novela.

4: Si estás escribiendo una novela de género donde lo que prima es la trama, asegúrate de presentar los elementos y temas principales de la historia en el primer tercio, lo que podríamos llamar la introducción.

5: Desarrolla los temas y los personajes en el segundo tercio, el desarrollo.

6: Resuelve los temas, los misterios, etcétera en el último tercio, la resolución[1].

7: Un buen estudio sobre el melodrama es la famosa «Lester Dent master plot formula»[2], que puede encontrarse en la Red. Escrita con la intención de demostrar cómo escribir relatos pulp, se puede adaptar sin problemas a casi cualquier historia con independencia de su extensión o el género al que pertenezca.

8: A ser posible, haz que ocurra algo mientras tus personajes divagan o filosofan. Esto ayudará a mantener la tensión dramática.

9: El palo y la zanahoria: haz que tus protagonistas sean perseguidos (por una obsesión o un villano) y persigan algo (una idea, un objeto, una persona, un misterio).

10: Olvídate de todas las reglas antes mencionadas[3] y crea las tuyas propias, adecuadas a lo que quieras contar.

***


[1]Los puntos 4, 5 y 6 vienen a sugerir que conviene dividir la historia en planteamiento, nudo y desenlace... la sopa de ajo con otro nombre, vaya.



[2]Yo esto lo conocía como The Lester Dent Pulp Paper Master Fiction Plot, disponible tal que AQUÍ, por ejemplo. Una lectura, no sé si realmente útil para los escritores que aspiren a publicar hoy en día, pero sin duda divertidísima.



[3] Brillante colofón :-)

domingo, 21 de febrero de 2010

FFN VIII - calentando motores

Tras varios años de coquetear con el Fantasy Filmfest, el festival de cine fantástico por excelencia en Alemania, por fin ha llegado la hora de sucumbir a la tentación y abonarse a todo el programa... si bien de su hermano pequeño, el Fantasy Film Nights, un fin de semana (en vez de los siete días que dura el FFF) dedicado a las películas de ciencia-ficción, fantasía y terror, a celebrarse este año en Stuttgart los días 13 y 14 de marzo.

Habrá crónica aquí de todo lo visto, espero, aunque ya los tráilers me dicen que no voy a salir de todas las películas aplaudiendo con las orejas. Aquí los dejo, a modo de aperitivo:

The Collector



Daybreakers



Heartless



La Horde



[REC] 2



Red Riding: 1974



Splice



The Shock Labyrinth - Extreme: 3D



Summer Wars



Survival Of The Dead



Daybreakers, Red Riding: 1974, La Horde, Splice y Survival Of The Dead ocupan los primeros puestos en mi lista de apetencias, a priori; ya veremos qué chascos y qué sorpresas agradables me llevo al final.
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