sábado, 13 de marzo de 2010

Her Fearful Symmetry, de Audrey Niffenegger

Recordaba yo más sutil a Audrey Niffenegger, la verdad. Bien es cierto que de ella sólo había leído hasta ahora La mujer del viajero del tiempo, pero en esa primera toma de contacto la autora estadounidense logró conquistarme con una historia de amor trágica e imposible como mandan los cánones. No es que vaya a romper mi idilio con ella después de la lectura de Her Fearful Symmetry, pero sí que siento anidada en mi interior la carcoma de la inquietud. No es tanto un «ésta no es mi Audrey, que me la han cambiado» como un «me sigues gustando, pero como amiga».

Con derecho a roce, por qué no. Pero igual el cepillo de dientes que tenías en mi baño ya no te vuelve a hacer falta.

Her Fearful Symmetry, como la misma autora ha reconocido en alguna entrevista, es una novela que comenzó a gestarse en su cabeza a trompicones: primero una idea por aquí, luego otra por allá... y se nota. Quiero decir, el pilar de la trama, el tema consustancial y palpable de la historia es la soledad. (Otros extraerán sus lecturas particulares de la novela, pero en mí es la sensación principal que evocan sus páginas: prácticamente todos los personajes que pueblan Her Fearful Symmetry están solos, bien por elección propia u obligados por las circunstancias; bien físicamente o en el sentido más afectivo de la palabra.) Pero son muchos los hilos que Audrey intenta enhebrar por esa única aguja, y a alguno se nota que le cuesta pasar por el ojal.

Repasemos someramente el texto de la contracubierta antes de entrar a pormenorizar las que son para mí algunas de las virtudes y las carencias de la novela, para situarnos:



Las gemelas Julia y Valentina, tan exquisitamente retratadas en la ilustración de cubierta reproducida al comienzo de esta entrada, cargan con la mayor parte del peso de la historia, que empieza a rodar de verdad cuando las jóvenes deciden emigrar de los Estados Unidos a Inglaterra siguiendo los caprichosos dictados del testamento de una tía a la que jamás conocieron en vida... ¿o sí? Ya desde el principio empiezan a sentarse las bases de lo que será la constante que caracterice el final de la novela: la sorpresa. Las revelaciones inesperadas (algunas más que otras, la verdad sea dicha) parecen ser el material con que Niffenegger se empeña en forjar el broche de oro de esta historia que, al menos en mi opinión, no necesita tanto oropel.


Her Fearful Symmetry se basta y se sobra para deslumbrar al lector con el cariño que desprenden sus páginas por los disfuncionales personajes que las pueblan (como el entrañable obsesivo-compulsivo creador de crucigramas Martin, protagonista de una subtrama tan entrañable como difícil de creer) y por los escenarios que las enmarcan, básicamente la ciudad de Londres y el cementerio de High Gates, protagonista de un capítulo memorable en el que la autora da la impresión de querer resarcirse de las numerosísimas horas de documentación sobre las que se sustentan sus no menos numerosas y bellas descripciones.

Tiger, tiger, burning bright / In the forests of the night,
What immortal hand or eye / Could frame thy fearful symmetry?
―William Blake, The Tyger

En el último tercio del libro, escenarios, personajes y misterios confluyen en un apresurado delta de decisiones y conductas chocantes, no tanto por lo inesperado como por lo incongruente con lo que la escritora parecía estar queriéndonos contar hasta entonces. Es como si los conflictivos e interesantes binomios que caracterizan las relaciones entre hermanas, madres e hijas, amantes y vecinos se transmutaran de repente en burdos aviones suicidas con los que epatar al lector estrellándolos contra su suspensión de la incredulidad. Y no me refiero precisamente a la errática utilización del elemento más ectoplásmico de la novela, ora adorable, ora insufrible, aunque omnipresente e imprescindible.


Da la impresión, por tanto, de ser la novela una de esas obras que arrebata y cautiva al lector mientras éste camina de su mano por las veredas que dicta la trama, pero cuyo hechizo no tarda en disiparse una vez pasada la última página, dejándonos mareados, como recién despertados de una sesión de hipnosis en la que se nos hubiera ordenado pasarlo bien, pero no recordar el motivo de nuestro gozo tras el último chasquear de dedos.


También es cierto que esta reseña de Her Fearful Symmetry está escrita desde la tibia perspectiva que me proporcionan los dos días transcurridos desde su lectura. Si me hubiera levantado de la cama para escribirla nada más terminar la última página, seguramente el tono sería mucho más elogioso. Es sólo que, después de todos los buenos momentos que hemos pasado juntos, me pareció que Audrey se merecía algo más que un vulgar panegírico poscoital.

1 comentario:

  1. Gracias por reseñarla, Manuel. Estaba deseando algún comentario sobre esta novela después de haber leído, a principios de año, "La mujer del viajero en el tiempo", obra que no me deslumbró como a otros, pero me gustó. Creo que esperaré a que saque algo más interesante; esta "Her fearful symmetry" no me atrae demasiado.

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