jueves, 1 de abril de 2010

Palimpsest, de Catherynne M. Valente

Qué satisfacción cuando el primer roce de las yemas de los dedos sobre las tapas de un libro basta para indicar que nos encontramos ante una lectura gratificante... y qué gozosa sorpresa descubrir que el prometido placer de su lectura no hace sino intensificarse con cada nueva página que se abre ante nosotros como los muslos de una amante solícita, como los brazos de una madre orgullosa, riéndose en la cara de nuestras ingenuas expectativas.

Intento recordar cuándo fue la última vez que leí una obra tan sensual como Palimpsest y mi memoria se subleva como un soldado insumiso ante las órdenes atroces de un superior embrutecido hasta la crueldad por un régimen estricto de detonaciones y miembros mutilados.

Valente, deudora inconfesa (en público, al menos) de Peake, Harrison y Miéville, amalgama y traviste los escenarios de Gormenghast, Viriconium y Nueva Crobuzón para envolvernos en una ciudad soñada, una quimera urbanística en la que los andenes se quedan vacíos durante la estación de apareamiento de los trenes; donde los hijos de la aristocracia nacen sordomudos, ciegos e informes, y permanecen así hasta alcanzar la mayoría de edad, momento en que los hijos de la plebe despiertan sus sentidos y cincelan sus perfiles a lametones; a la que sólo se accede desde el mundo «real» tras alcanzar el orgasmo; donde el visitante ve limitada sus posibilidades de exploración por los mapas cartografiados previamente en su propia piel; en la que el proceso para conseguir el estatus de residencia es un secreto tan celosamente guardado como vorazmente codiciado.
Como no todo van a ser parabienes, me gustaría aprovechar algunos de los comentarios más negativos sobre la obra vertidos en Amazon.com. Resulta interesante ver qué tienen en común algunos de ellos:

It's been a while since I've encountered a book I couldn't, or wouldn't finish, but [...]

It's rare that I cannot finish a book, but [...]

It is powerfully rare that I don't finish a book, but [...]
Yo, que cada vez con mayor frecuencia me tropiezo con novelas que amenazan con caérseme de las manos, he tenido la suerte de encontrar en Palimpsest una obra completamente antagónica a lo que se intuye que han sufrido los lectores arriba firmantes. Es más, estoy seguro de que reeleré esta novela, si no entera, al menos sí pasajes sueltos; algunos memorables y otros sencillamente perturbadores, como éste, elegido al azar:
«Ave Maria, gratia plena!» he cries. It is all he knows how to say, the most sacred thing. «Dominus tecum, benedicta tu in mulieribus, et benedictus fructus ventris tui!»
He is laughing and weeping, and all stare at him. The octopus-girl pulls away from her parents as he begins again:
«Ave Maria!»
She walks toward him like a little bride, serious in her white dress, hair the color of a bruise hanging in two long, straight planks to her knees. Her pace is slow and she does not try to run - Ludo is sure she has been told no to run in church. She puts her cold, wet tentacles around his neck; they coil heavily on his shoulders. She fixes him with a solemn expression. Slowly, she kisses his cheek.
Más supuestos defectos de la novela:
The author seems incapable of writing a single sentence without using some form of metaphor or simile.
Aun asumiendo que la abundancia de símiles y metáforas sea un defecto, no conviene olvidar que Palimpsest gira en torno a la influencia de una ciudad extradimensional en quienes la visitan, previo pago del óbolo de sus orgasmos. Embarcarse en esa tarea sin recurrir a tropos literarios equivaldría a abordar una soldadura desdeñando el soplete, ineficaz e innecesario.
Catherynne Valente is probably a genius and indeed a poet. And I am not. Probably need to be to really get into this book. ONE TOUGH READ. The prose is so ornate and almost intricate to the point of confusion.
La verdad es que Catherynne M. Valente ha publicado varios libros de poesía, ¿pero es necesario ser poeta para disfrutar de un poema, para ser capaz de sumergirse en él? La pregunta es evidentemente capciosa.
You're expected to fall in love with the book as soon as the first gritty fairy-tale-inspired metaphor hits you, and if you don't, you're left behind.
Bueno, esto sí que es verdad. O se entra en el juego de la autora o no, no hay término medio. Ahora bien, son tantas las obras sobre las que se podría decir lo mismo, que la declaración pierde peso por perogrullada.
Luego tiene gracia cómo aun el rechazo puede vestirse de admiración en ocasiones:


Some of her sentences should be framed and mounted on a wall, like art. They were simply gorgeous.



Enlaces de interés para quienes sientan curiosidad por saber más sobre la novela y su autora:


Página web de Catherynne M. Valente


16th and Hieratica, el cuento donde empezó todo.

1 comentario:

  1. Valente es muy grande. Me leí el primero de "The orphan's tales" y tenía ganas de no acabarlo nunca. Y no me consta que haya ningún libro suyo traducido a nuestro idioma. Algunos se pierden tantas cosas...

    ResponderEliminar

Related Posts with Thumbnails