jueves, 22 de julio de 2010

After.Life, de Agnieszka Wojtowicz-Vosloo

A la maestra de escuela Anna Taylor (Christina Ricci) no le van bien las cosas: hacer el amor con su novio (Paul Coleman, interpretado por Justin Long) no le cambia la cara de palo, sangra por la nariz en la ducha y se insinúa, aunque en ningún momento se llega a profundizar en ello, que su señora madre podría tener la azotea amueblada con saldos de IKEA. Conforme avance la cinta veremos que nada de todo esto tiene la menor relevancia, pero son pinceladas de color que al menos insuflan algo de vida en un personaje innecesariamente gris.

Al pastel de los males de Anna no tarda en caerle encima una guinda bien gorda, y es que por encima del límite de velocidad, sin cinturón de seguridad, cayendo la del pulpo, revolviendo el bolso en busca del móvil y marcando no se sabe muy bien qué número en éste después de encontrarlo, termina pasando lo que tenía que pasar: Que cuando vuelve a abrir los ojos es encima de una mesa de autopsias, bajo la sospechosamente inmutable mirada del director de pompas fúnebres Eliot Deacon (Liam Neeson).

Aquí empieza por fin el meollo de la cuestión, lo que le sorbe el seso a la debutante Wojtowicz-Vosloo hasta el punto de dejarse deslumbrar por lo sugerente de la idea y no ver el precipicio por el que se pasea su ópera prima: ¿Está muerta Anna realmente o es el enterrador un psicópata retorcido? Como espectador y aficionado a las historias enrevesadas, a mí también me apetecía descubrir la respuesta a esa pregunta... pero por mis propios medios, leyendo entre fotogramas y sin necesidad de bruscos empujones en dirección a la solución.


Lástima de torpeza y precipitación en la persecución de su objetivo, porque la directora tenía mano de sobra para hacer saltar la banca, con un reparto reducido pero de lujo y entregado, niño raro repelente (Chandler Canterbury; a ver si en Repo Men le dan unas líneas con un poco más de salero) aparte.

Casi todas las críticas que he podido encontrar en la Red sobre After.Life hacen hincapié en el hecho de que la Ricci se pasa la mayor parte del metraje en pelota picada, pero lo que más me ha llamado a mí la atención es que Liam Neeson aceptara trabajar en un guión tan impregnado de connotaciones seguramente negativas para él, tras la no tan lejana pérdida de su esposa en un trágico accidente de esquí. Como eso no hay forma de ejemplificarlo gráficamente, no obstante, habrá que conformarse con ilustrar lo bien que le sienta la muerte a la ex benjamina de los Addams.

5 comentarios:

  1. Con semejantes interpretes, hay que ser muy torpe, para no hacer algo medianamente digno, pero todo es posible. Después de esta, Liam hizo la del Equipo A, mejor no hablar del tema.

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  2. Desde luego, para mí es una de las actrices menos «pelotapicable» de Hollywood. Nunca me llamó la atención ese aspecto de su persona... Eso sí, le daré una oportunidad al filme.

    ... y en cuanto a Neeson, debe haberse dado a las tragaperras o algo así. Si no, no se explican algunas de sus últimas elecciones de guión.

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  3. Está todo bien en este film, salvo el guión que es una tontería absoluta, recubierta por una falsa idea de mensaje moralino acerca de como aprender a vivir. Daniel Miñones

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  4. la verdad no entendi bien, estaban muertos o el director de la funeraria era un loco? por que cuando se veia al espejo tenia aliento, por que el niño entierra al pollito vivo?.

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