jueves, 30 de septiembre de 2010

La voz de los traidores

Podría ser el título de una novela de Joe Abercrombie, pero no, la entrada de hoy no es más que una modesta reflexión que me gustaría aderezar con unos cuantos enlaces que creo que podrían interesar a mis visitantes habituales (poquitos, pero me consta que haberlos, haylos).

El caso es que me chiflan las entrevistas a traductores, tanto leerlas como hacerlas, como demuestro a salto de mata en La mano izquierda de la traducción, el rinconcito que tan amablemente les pido prestado de vez en cuando a los responsables de Literatura Prospectiva (de visita obligada para todos los aficionados a la ciencia-ficción) como tribuna desde la que pregonar las bondades y calamidades de esta profesión a veces tan dura y siempre tan bonita.

Hoy por hoy, mis colegas traductores contemporáneos y yo desempeñamos nuestra labor para un público cada vez más consciente de nuestra existencia y preocupado por la corrección de nuestra labor. Esto, unido a la facilidad para tender puentes que permite Internet, se traduce (je) en la proliferación de entrevistas a «traidores» (porque traduttore, traditore, ya se sabe), en portales de literatura, portadas de foros o bitácoras personales, con lo que mi curiosidad por conocer mejor la labor de algunos compañeros de profesión, las circunstancias que los condujeron a estar donde están, o incluso su actitud ante las inevitables dificultades propias de nuestro trabajo, se ve ampliamente satisfecha por ejemplos como los que enumero a continuación:

Pilar Ramírez Tello: Pilar, con la que he tenido el placer de compartir créditos en El robot completo, es una excelente traductora cuyo trabajo levanta pasiones, lo que explica que esto de las entrevistas ya no sea nada nuevo para ella (la revista especializada La linterna del traductor incluye una charla con ella en su último número, y yo mismo le hice unas pocas preguntas para La mano izquierda de la traducción en su día). Mi enlace remite en esta ocasión al blog Bienve's Welt, cuya administradora conversa con Pilar sobre sus primeros pasos en el mundo de la traducción, su metodología de trabajo o su opinión sobre el impacto de la actual crisis económica en el sector.

José María Faraldo: La voz del virtuoso Andrzej Sapkowski en español, receptáculo de tal cantidad de elogios a su trabajo que uno no puede por menos de profesarle una (seamos sinceros) malsana envidia profesional. Como es un placer leer tanto sus traducciones como las entrevistas que de vez en cuando concede a distintos portales dedicados a la literatura fantástica, su presencia en esta lista es inapelable.

Adolfo Muñoz: No tengo el placer de haber leído ninguna de las obras traducidas por este veterano profesional, pero el gracejo con que se expresa y el impagable retrato del modus vivendi de un traductor literario típico que ofrece, sin duda atractivo para los curiosos que vean la profesión desde la barrera, hacen que figure en este listado por méritos propios.

Noemí Risco: Licenciada en Traducción e Interpretación que desembarcó hace relativamente pocos años (por lo que leo en su perfil de Ediciona, espero no estar metiendo la pata) en el mercado de la literatura fantástica. En la entrevista enlazada habla de los plazos de entrega, el papel del traductor en la elección del título de una novela, y varios aspectos interesantes más de nuestro trabajo.

Esta entrada se publica un 30 de septiembre, día de san Jerónimo, o lo que es lo mismo, el Día Internacional del Traductor. Valga, por tanto, como modesta celebración de nuestro trabajo y brindis lanzado al aire para todos mis esforzados compañeros de faena. Traductores... ¡salud!


5 comentarios:

  1. Hola,
    Gracias por la mención en esta entrada :-) Llevo desde 2005 trabajando como traductora literaria y, sí, estoy especializada en fantasía. Si te apetece, te invito a visitar mi blog.
    Un saludo,
    Noemí.

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  2. Ay, Manuel, cómo te pasas :-) Los cumplidos siempre son agradables, sobre todo cuando los hacen compañeros que los merecen más que yo.

    Beso,

    Pilar

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  3. Vaya por delante mi total desconocimiento del idioma polaco. Así pues, difícilmente puedo juzgar con ecuanimidad la labor de Faraldo como traductor.

    Sin embargo, siempre había leído que una de las cosas en las que Sapkowsky (seguramente he escrito mal el apellido) era un experto era en el tratamiento del lenguaje popular, en su uso como herramienta literaria sin traicionar esas raíces populares.

    Si esto es cierto, me temo que no puedo considerar a Faraldo un buen traductor. Su castellano suena, las más de las veces (y especialmente en los diálogos) rígido y poco natural. Y, por lo que leído, no es el caso del original polaco.

    Así pues, confieso mi perplejidad ante las loas que todo el mundo vierte en el labor de Faraldo.

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  4. Pues, Rodolfo, ahora mismo no tengo a mano ningún ejemplar de la serie de Geralt de Rivia para rebatir lo que dices con argumentos, pero la opinión más extendida entre los seguidores de la saga parece coincidir con mis recuerdos de su lectura: que rebosa méritos literarios y se lee fantásticamente bien, diálogos incluidos.

    Me parece haberte leído decir recientemente en alguna parte que también los diálogos de "Fin" te habían echado para atrás por acartonados. Aun yendo por delante que la novela de Monteagudo sí que no la he leído todavía, me aventuraría a sugerir la hipótesis de que, como escritor avezado que eres, tu sentido del olfato probablemente sea más susceptible de percibir defectos o carencias en cuestión de virtudes literarias como la fluidez y la plausibilidad de los diálogos que el del común de los lectores.

    Lo cual es estupendo, claro, aunque a veces (y no digo que esto tenga por qué ser ni malo ni indeseable, a todos nos pasa) suponga quedar en minoría en cuanto a la valoración de títulos ensalzados por la mayoría de la crítica y los lectores.

    En cualquier caso, saber polaco y estar capacitado para realizar un análisis más profundo de la labor de Faraldo tampoco estaría mal, no. A mí, por lo menos, me encantaría.

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  5. Reconozco que, desde siempre, mi atención se va a los diálogos con facilidad y que, si no me los creo, me resulta difícil disfrutar de la novela. De hecho, no es la primera vez que me pasa, con escritores bien considerados, una prosa magnífica y un estilo brillante, pero que son incapaces de hilvanar un diálogo que a mí (recalco lo de "a mí") me suene natural. Eso, enseguida, me saca de la novela, me temo. Y en esos casos no puedo evitar pensar que el autor habría hecho mejor acudiendo a algún tipo de estilo indirecto (como hace García Márquez, por ejemplo, que se reconoce incapaz de escribir un diálogo que a él mismo le suene natural) que a la transcripción directa de lo que se ha dicho.

    No sé si eso mismo es lo que me pasa con Faraldo. Puede que tenga que ver. De hecho, mi problema con la saga de Geralt siempre ha sido ése: que no me creía lo que se estaban diciendo, que no me tragaba que alguien hablase así.

    No sé si es un problema de "especialización" por ser escritor. Quizá viene más bien del hecho de que mi primer contacto con la narración vino a través de formatos basados en el diálogo, como el cómic, el cine o la televisión y eso me ha hecho muy sensible a detectar según qué cosas.

    Lo que recuerdo es que, cuando se habló de que Sapko era un maestro en tomar el habla popular y transformarla en herramienta literaria, pensé inmediatamente en "Los santos inocentes" de Delibes, donde precisamente se hace algo parecido y, a mi entender, con un éxito increíble: ahí, el habla popular castellana está usada de un modo magistral, para quitarse el sombrero. Y quizá estaba especialmente atento, o condicionado, cuando me puse a leer a Sapko y algo me echó para atrás en los diálogos por culpa de eso.

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