miércoles, 17 de marzo de 2010

FFN VIII - enfriando motores

Como adelantaba en esta entrada del pasado 21 de febrero, las Fantasy Film Nights cayeron como  una bomba en Stuttgart este fin de semana y ahora toca taparse con la mantita e hincharse a caldos bien calentitos para bajar esta fiebre de las trincheras que me ha dejado el minifestival, consagrado en su octava edición al género Z en una más que generosa proporción. Tres películas, tres, de las diez mostradas entre el sábado y el domingo tenían como mutilados protagonistas a la criatura de moda en la literatura y el cine actuales. Y es que los zombis (lo siento, alguien tenía que decirlo) están más vivos que nunca.
Aunque más de veinte horas en total de cine fantástico dan para algo más que disparos, surtidores de sangre, alaridos y sobresaltos varios. También ha habido lugar para lo onírico, para lo psicológico, e incluso para el humor.
A continuación, mis impresiones sobre cada uno de los títulos:


SAMSTAG 13 MÄRZ







14.00 UHR RED RIDING: 1974
Me daba buena espina y mi corazonada resultó estar bien encaminada. La historia, primera de la televisiva Red Riding Trilogy (basada en el literario Red Riding Quartet de David Peace), nos lleva a la Inglaterra de mediados de la década de los 70 para sumergirnos en un sumidero de corrupción política, policial, periodística y hasta urbanística. Con un Yorkshire sacudido por una serie de brutales infanticidios como telón de fondo, el realizador Julian Jarrold regala los sentidos al espectador con una cuidada recreación de la investigación que realizara en su día un joven periodista.
Cruda y pausada, con una fotografía muy especial gracias a haberse rodado originalmente en 16mm y ampliado a 35mm con posterioridad, la película ha supuesto una de las gratas sorpresas del festival. Me ha dejado con ganas de ver las continuaciones (y de leer todos los libros). Difícilmente justificable la inclusión de esta única incursión del género negro en esta edición del festival por su absoluta carencia de elementos fantásticos, pero acertada y loable desde mi perspectiva de espectador totalmente egoísta.

16.00 UHR SUMMER WARS
Ya no sé ni cuál fue la última película de anime que había visto, y me apetecía volver a deleitarme con la mezcla de acción y humor que prometía el tráiler de Summer Wars. Mamoru Hosuda cumple y le ofrece al espectador precisamente eso, situaciones disparatadas y combates de ultrapokémons en un entorno virtual que bebe de Internet y del auge de sus redes sociales. En la sala no pararon de oírse carcajadas a lo largo de todo el metraje, y bien que nos vinieron... porque a partir de aquí a más de uno se le congeló la sonrisa en la cara.

18.15 UHR [REC] 2
Menudo filón han encontrado Paco Plaza y Jaume Balagueró con sus carpetovetónicas aventuras de la Niña Medeiros, jo... lín. Sin salir del edificio que servía de cochambroso escenario para la primera entrega de la serie (porque esto no se queda en duología, va a ser una franquicia en toda regla: al parecer ya están apalabradas una tercera parte y una precuela), nos reencontramos con el mismo hueco de escalera y el mismo altillo sobredimensionado que tan malos ratos le proporcionaron a los bomberos de [REC], relevados aquí por un puñado de GEOs y un trío de muchachos entrometidos, capitaneados por un cura guiri (?) con muy mala sombra.
Sanvitesca versión gore de un 13, Rúe del Percebe que ahora pretende renunciar a sus raíces zombi/infectadas en favor de una explicación más demoníaca (pero igual de traída por los pelos) de lo que ocurre realmente en una película donde, la verdad sea dicha, todo intento de explicación está condenado al fracaso de antemano.

20.15 UHR DAYBREAKERS
Primera película de alto presupuesto del festival, y primera decepción ([REC]2 no cuenta porque lo cierto es que satisfizo todas las expectativas que tenía depositadas en ella) seria.
Una premisa inicial relativamente original (con permiso de las Crónicas Necrománticas de Brian Lumley, mi primera toma de contacto, quinquenios ha, con una sociedad vampírica donde la sangre humana es un bien escaso, realidades alternativas mediante), que apelaba a mi condición de fan irredento de todo lo que calce colmillos, a la que parecen pesarle demasiado dos cosas: la estética, por un lado, innecesaria y anacrónicamente deudora de Matrix; y el remate final, por otro, inevitablemente hollywoodiense, con escalofriantes por lo manidas situaciones de apetencias románticas resueltas para bien pese a quien pese y redenciones in extremis de personajes «malos pero menos» incluidas.
Hawke, Dafoe y Sam Neill resuelven con solvencia los encorsetados personajes que les han tocado en suerte, pero la sensación final es de haber visto una película nacida con estrella y estrellada por el camino, no sé si por los habituales tijeretazos que gustan de meterles en la Meca del Cine a todas las superproducciones con aspiraciones a trascender su estatus de rompetaquillas de diseño o por pura y dura dejadez de los guionistas. El caso es que podía haber dado para un poquitín más.

22.30 UHR LA HORDE
La niña mimada del festival, catapultada de antemano al olimpo del cine de terror por un hype que nace del público para el público. ¿Justificado? Veamos...
Empieza bien: el entierro de un policía, el plan de sus compañeros por vengarse de los mafiosos que lo han asesinado, unas rápidas pinceladas con las que se perfilan unos personajes que se intuyen de armas tomar, y un lenguaje basto, soez, de a pie de calle para abajo, que casa perfectamente con los colores sucios elegidos para ilustrar cada fotograma.
Continúa mejor: un acercamiento sin rodeos a la violencia física, puñetazos y patadas de los que dejan sin aliento tanto al que los recibe como al que los propina (por no hablar del que los observa), y un tratamiento hiperrealista tanto del acercamiento a la solución del problema planteado al comienzo como del añadido de obstáculos a dicha solución. Los actores se perciben bien enfundados en la piel de sus personajes. La cámara es implacable con ellos y con el espectador por igual.
Tropieza y se cae: a estas alturas de la cinta me doy cuenta de que todo lo que queda de metraje va a transcurrir en el interior de un bloque de edificios desahuciado. El espíritu de la Niña Medeiros me echa el aliento en la nuca mientras se ríe por lo bajo y susurra fétidamente: «¿No querías interiores cochambrosos? Pues toma dos tazas». Jo... lín, pues vaya, pues bueno, qué se le va a hacer. Me distraigo viendo mutilaciones, tiroteos, apuñalamientos, puñetazos, patadas, mordiscos, zarpazos... No, los zombis todavía no han hecho su aparición, lo que describo es la primera toma de contacto entre los gendarmes vengadores y sus objetivos.
Se levanta: ya han aparecido los zombis, que definitivamente no han oído hablar nunca de la Escuela Romero para No-Muertos. Aquí los cadáveres redivivos van a toda leche... pero van a morder más, mucho más, de lo que pueden mascar. El festín de violencia continúa, se alimenta a sí mismo, crece hasta engullir por completo al espectador que, una vez en el vientre de la bestia, descubre que comparte habitación con los restos cercenados de la trama.
Termina la película: jadeando, ensangrentada, sin aliento, llevada al límite del paroxismo, despeñada por el resquebrajadizo filo de lo plausible. No sé si me siento estafado por ella. Una última bala sella nuestra reconciliación.


SONNTAG 14 MÄRZ

14.00 UHR SPLICE
Hace tiempo que aprendí a vivir con el hecho de que mis gustos musicales, para bien o para mal, se quedaron anclados en los 90, y mucho me temo que ahora debo reconciliarme con la idea de que los cinematográficos han debido de hacerlo en los 80.
Si no, no se explica que esta película, única representación del cine de ciencia-ficción sensu strictissimo, se alce con el dudoso galardón de ser la que más gratamente me sorprendió el pasado fin de semana: tierna, divertida, emocionante, dramática, plagada de guiños de complicidad al espectador, consecuente... impecable.
El fondo de la historia no podría estar más visto: jugar a ser Dios siempre acaba mal, y los experimentos genéticos de alto presupuesto son el mejor atajo si lo que uno busca es complicarse la vida.
Sin embargo, la extraordinaria química que destilan Adrien Brody y Sarah Polley en la pantalla, más los sólidos efectos especiales y la tremenda presencia de una bellísima Delphine Chanéac caracterizada como si de una perturbadora Björk oriunda del Imperio Shi'ar se tratara, se aúnan para darle un tono refrescante a un argumento que bebe del género especulativo y le rinde sentido homenaje sin aportar en realidad nada especialmente novedoso.
Leo con satisfacción que esta nueva incursión de Vincenzo Natali (Cube, Cypher) en territorios especulativos tampoco dejó indiferente a nadie en la pasada edición del Festival de Sitges, y no es para menos. Muy recomendable.

16.00 UHR SURVIVAL OF THE DEAD
Y tras la emoción del descubrimiento, el tedio de lo mil veces visto. George A. Romero, el pope del género zombi en la gran pantalla, vuelve a las andadas autoparodiándose con esta mezcla de western y casquería apta para todos los públicos cuyo principal atractivo reside en el (merecidísimo, por otra parte) mítico halo de leyenda viva que envuelve al veterano director.
Como tampoco me veo capaz de hablar de la película sin hacer leña de un árbol caído hace ya bastante tiempo, cosa que no me apetece ni un poco, permitid que utilice este espacio para relatar una pequeña anécdota:
A la salida de Survival of the Dead, mientras esperaba fuera de la sala a que abrieran las puertas para la siguiente sesión, se me acercó un señor mayor (pero que muy mayor,  un ancianito yo diría que octogenario, arrugado y encorvado, de paso artrítico, tocado con su boina y todo) para preguntarme si podía ver más de cerca la tarjeta que llevaba prendida en el abrigo, que nunca había visto una con foto. Me explicó que él hacía ya un par de años que no se sacaba el pase para todo el fin de semana, sino que cada vez seleccionaba los títulos que más le llamaban la atención, y que para esta edición del festival había elegido la de su adorado Romero (cincuenta veces me contó que había visto La noche de los muertos vivientes, que era un fan acérrimo del género Z, pero del «de verdad», y que el sábado no había querido ver [REC]2 y La Horde porque por los tráilers le habían parecido «productos de ahora, para los jóvenes»). Tampoco era un retrógrado cerrado a las últimas tecnologías, sin embargo, por eso había comprado ya su ticket para la película que cerraba el festival, la asiática The Shock Labyrynth en 3D, por la que sentía curiosidad después de haber disfrutado con Ju-on: The Grudge, lo anterior de su director.
La verdad es que los ya de por sí escasos minutos entre película y película se me pasaron volando hablando con este adorable caballero, al que volvería a ver de lejos en la sala al final de la noche, fiel a su palabra, con las aparatosas gafas 3D calzadas sobre la boina.

18.00 UHR HEARTLESS
El perro verde del festival, una demencial (y algo tramposa) historia rodada en clave de «lo que ves no es lo que parece», quizá un poco pasada de vueltas en su hibridación de iconografía judeocristiana y psicoanálisis, pero que funciona como festín audiovisual y popurrí de interesantes reflexiones sobre la percepción del yo y nuestra proyección en los demás.
Curioseando por ahí me entero de que tanto la película como el actor que carga con el peso de la trama, Jim Sturgess, causaron sensación en la última edición de Fantasporto, el festival de cine fantástico que se celebra todos los años en el más luso de nuestros países vecinos, y que ha suscitado apasionadas reacciones tanto en Glasgow como en Sitges. Lo que fue aquí, la verdad, reacción propiamente dicha no es que suscitara ninguna en especial. Si acaso noté algo más de animación en los pasillos al final de la proyección, desconcierto y perplejidad más que otra cosa.
Yo creo que a todos empezaba a entrarnos un poco la pájara.

20.15 UHR THE COLLECTOR
Sabía que se me iba a atragantar, y lo hizo. Fallida y descerebrada apología del sadismo creativo, conveniente tamizada en el pasapuré del puritanismo y la doble moral hollywoodiense, que renuncia a cualquier pretensión de coherencia argumental a los cinco minutos de empezar. Desastrosa.

22.15 UHR THE SHOCK LABYRINTH: EXTREME - 3D

Aquí, lo reconozco, empecé a pasar serios problemas para reprimir los bostezos.
Interesante en el apartado técnico pero soporífera en todo lo demás esta lisérgica historia de cuatro adolescentes japoneses embarcados en la tridimensional aventura de averiguar en qué circunstancias exactamente se produjo años ha la muerte de una quinta amiga de la infancia, narrada con un ritmo leeento, leeento, leeenzZz...
Por lo menos la fotografía al servicio de las gafas 3D me ayudó a aguantar hasta el final sin quedarme dormido de verdad, pero eché de menos una historia medio digerible que llevarme a la boca.
Tan acogotado salí de la sala que al final no me acordé de acercarme al señorín de la boina para preguntarle qué le había parecido a él la película, qué rabia.


Pues hasta aquí hemos llegado. Repasando la entrada veo que en realidad no son tantas las películas que me han gustado de verdad, pero es que la decena de títulos parecen escogidos un poco al azar, sin un criterio de elección definido, y así es normal que a veces las balas impacten de lleno en el gusto personal de cada uno, y que otras pasen silbando inofensivas a dos metros de distancia.


Próxima parada: Fantasy Film Festival, la primera semana de septiembre. Aunque me parece que esta vez se las a ver todas su tía.

sábado, 13 de marzo de 2010

Her Fearful Symmetry, de Audrey Niffenegger

Recordaba yo más sutil a Audrey Niffenegger, la verdad. Bien es cierto que de ella sólo había leído hasta ahora La mujer del viajero del tiempo, pero en esa primera toma de contacto la autora estadounidense logró conquistarme con una historia de amor trágica e imposible como mandan los cánones. No es que vaya a romper mi idilio con ella después de la lectura de Her Fearful Symmetry, pero sí que siento anidada en mi interior la carcoma de la inquietud. No es tanto un «ésta no es mi Audrey, que me la han cambiado» como un «me sigues gustando, pero como amiga».

Con derecho a roce, por qué no. Pero igual el cepillo de dientes que tenías en mi baño ya no te vuelve a hacer falta.

Her Fearful Symmetry, como la misma autora ha reconocido en alguna entrevista, es una novela que comenzó a gestarse en su cabeza a trompicones: primero una idea por aquí, luego otra por allá... y se nota. Quiero decir, el pilar de la trama, el tema consustancial y palpable de la historia es la soledad. (Otros extraerán sus lecturas particulares de la novela, pero en mí es la sensación principal que evocan sus páginas: prácticamente todos los personajes que pueblan Her Fearful Symmetry están solos, bien por elección propia u obligados por las circunstancias; bien físicamente o en el sentido más afectivo de la palabra.) Pero son muchos los hilos que Audrey intenta enhebrar por esa única aguja, y a alguno se nota que le cuesta pasar por el ojal.

Repasemos someramente el texto de la contracubierta antes de entrar a pormenorizar las que son para mí algunas de las virtudes y las carencias de la novela, para situarnos:



Las gemelas Julia y Valentina, tan exquisitamente retratadas en la ilustración de cubierta reproducida al comienzo de esta entrada, cargan con la mayor parte del peso de la historia, que empieza a rodar de verdad cuando las jóvenes deciden emigrar de los Estados Unidos a Inglaterra siguiendo los caprichosos dictados del testamento de una tía a la que jamás conocieron en vida... ¿o sí? Ya desde el principio empiezan a sentarse las bases de lo que será la constante que caracterice el final de la novela: la sorpresa. Las revelaciones inesperadas (algunas más que otras, la verdad sea dicha) parecen ser el material con que Niffenegger se empeña en forjar el broche de oro de esta historia que, al menos en mi opinión, no necesita tanto oropel.


Her Fearful Symmetry se basta y se sobra para deslumbrar al lector con el cariño que desprenden sus páginas por los disfuncionales personajes que las pueblan (como el entrañable obsesivo-compulsivo creador de crucigramas Martin, protagonista de una subtrama tan entrañable como difícil de creer) y por los escenarios que las enmarcan, básicamente la ciudad de Londres y el cementerio de High Gates, protagonista de un capítulo memorable en el que la autora da la impresión de querer resarcirse de las numerosísimas horas de documentación sobre las que se sustentan sus no menos numerosas y bellas descripciones.

Tiger, tiger, burning bright / In the forests of the night,
What immortal hand or eye / Could frame thy fearful symmetry?
―William Blake, The Tyger

En el último tercio del libro, escenarios, personajes y misterios confluyen en un apresurado delta de decisiones y conductas chocantes, no tanto por lo inesperado como por lo incongruente con lo que la escritora parecía estar queriéndonos contar hasta entonces. Es como si los conflictivos e interesantes binomios que caracterizan las relaciones entre hermanas, madres e hijas, amantes y vecinos se transmutaran de repente en burdos aviones suicidas con los que epatar al lector estrellándolos contra su suspensión de la incredulidad. Y no me refiero precisamente a la errática utilización del elemento más ectoplásmico de la novela, ora adorable, ora insufrible, aunque omnipresente e imprescindible.


Da la impresión, por tanto, de ser la novela una de esas obras que arrebata y cautiva al lector mientras éste camina de su mano por las veredas que dicta la trama, pero cuyo hechizo no tarda en disiparse una vez pasada la última página, dejándonos mareados, como recién despertados de una sesión de hipnosis en la que se nos hubiera ordenado pasarlo bien, pero no recordar el motivo de nuestro gozo tras el último chasquear de dedos.


También es cierto que esta reseña de Her Fearful Symmetry está escrita desde la tibia perspectiva que me proporcionan los dos días transcurridos desde su lectura. Si me hubiera levantado de la cama para escribirla nada más terminar la última página, seguramente el tono sería mucho más elogioso. Es sólo que, después de todos los buenos momentos que hemos pasado juntos, me pareció que Audrey se merecía algo más que un vulgar panegírico poscoital.

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